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viernes, 6 de marzo de 2015

En el Día Internacional de la Mujer

Este 8 de marzo se celebra el día internacional de la mujer, conmemorando la lucha de muchas mujeres en el mundo por la reivindicación de sus derechos humanos y laborales; además la exigencia de su participación en ámbitos de decisión familiar, política, económica y social, buscando el desarrollo integral de todos los seres humanos como personas con dignidad.

Cabe mencionar que la primera celebración del Día Internacional de la Mujer se realizó el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza.

Posteriormente ésta conmemoración se extendió a numerosos países. La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en 1977, proclamó el 8 de marzo como Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

En el mundo andino, se debe considerar a la mujer como la parte más afectada por la colonización; pues al igual que los hombres ha sentido con fuerza la desestructuración de sus comunidades y su cultura, siendo sometida a diversas formas de opresión y explotación. Además se añaden problemas relacionados con su sexo ya que la colonización, con ese enfoque de patriarcalización, ha roto el equilibrio existente de la dualidad hombre/mujer existente en las culturas y ha promovido el machismo vinculado a la ideología dominante del pensamiento colonial.

En este contexto, la mujer indígena originaria acumula la opresión étnica, clasista y de género, situación sobre a la cual es necesario reflexionar y sobre la cual es imprescindible actuar. En este sentido las mujeres migrantes del área dispersa logran conseguir trabajo en las ciudades en situaciones de explotación y discriminación. Es así que podemos encontrar en varios restaurantes mujeres de pollera que trabajan por un plato de comida o por unos pesos inferiores al salario mínimo vital bajo el pretexto de “ayuda”. Por otra parte, si bien por muchos es considerado que las labores de casa son también trabajo realizado en el hogar, la explotación se duplica, debido a que sus esposos tienen sueldos que apenas llegan al salario mínimo vital. En consecuencia, estas mujeres deben hacer alcanzar el dinero para la alimentación de todo el mes; para la educación de sus hijos - ellas garantizan los materiales escolares bajo la amenaza de los maestros que “si no tienen dinero para comprar la lista de materiales exigidos no deberían estudiar”- y para la salud de su familia. Todas estas situaciones, en muchos casos, hacen que la mujer indígena en las ciudades sea sometida a la exclusión y una doble explotación laboral.

Por esto es importante pensar en la mujer andina y lo que representa en el contexto familiar, político, económico y social, ya que es necesario analizar sus funciones y las relaciones entre liderazgo tradicional y liderazgo moderno. Por lo que debemos preguntarnos si las funciones que las mujeres desempeñan en la familia y la sociedad son secundarias o fundamentales.

Vemos pues en la sociedad andina espacios en los que la mujer “sola", -soltera o viuda o madre soltera-; asume responsabilidades de carácter familiar, social, político y económico. De esta manera la mujer se constituye en garante de las relaciones sociales que van más allá de las responsabilidades familiares; pues vemos en las comunidades que los jóvenes y adultos han migrado a causa de la contaminación de las tierras y aguas, sequías o inundaciones, mientras que las mujeres permanecen en las comunidades y garantizan la producción agrícola y pecuaria.

En Bolivia, la participación de las mujeres en espacios políticos se remonta a la década de los 70, por ejemplo en el sector minero a través de los “Comités de Amas de Casa”. Sin embargo, se debe reconocer que no se les reconoce una verdadera participación protagónica, ya que este sector hasta hoy está supeditado a los sindicatos mineros que son dirigidos por hombres. La participación de la mujer en ámbitos políticos y de toma de decisiones se remonta a la década de los 90, de igual manera sin que éstas sean reconocidas con el mismo nivel de decisión que los hombres que ocupaban los mismos cargos. Pero cabe citar un hecho simbólico de la década de los 2000 que, creemos, marca historia en la búsqueda de participación protagónica de la mujer en su ejercicio de la participación política y en espacios de la toma de decisiones en la construcción de los nuevos destinos del Estado Plurinacional. Este hecho es que la Asamblea Constituyente elige a la señora Silvia Lazarte como presidenta y que ella además de ser una mujer de pollera, es indígena.

Por esto Ruth Vilches nos dice que “la preocupación por avanzar el logro de la igualdad de género y la temática ambiental datan de la década de los años 90. En esta década el estado trata de institucionalizar la perspectiva de género y de los pueblos indígena originario campesinos en todos sus programas, transversalizando la temática en proyectos y acciones de lo que significaría la Participación Popular. Sin embargo, la concepción de género se asenta en las corrientes del feminismo liberal, donde la preocupación era sólo formular políticas públicas a favor de las mujeres en el sentido de reconocer la desigualdad. La generación de normas limita su alcance a un impacto punitivo en caso de necesidad, por lo que el género no tiene una carga política. Las desigualdades no se explican en términos de un sistema estructural injusto donde las mujeres indígenas originarias campesinas están marginadas y excluidas y subalternizadas por una clase media. Además están ausentes los planes de acción dirigidos a revertir las desventajas históricas que tienen las mujeres, como por ejemplo en el tema de la utilización de los recursos naturales en general y del agua en particular. Estos temas que no están considerados en las leyes constitucionales, ni están en consonancia con la forma de pensar propio de las mujeres, cuya posición política se situa en desventaja frente a los hombres. Estos últimos tienen un papel privilegiado en el tema de la herencia de tierras y para al acceso al agua”.

En ese contexto la mujer va asumiendo un nuevo rol político y se va reconociendo su papel fundamental en la toma de decisiones para la construcción del Estado Plurinacional que tiene rostros de mujeres ancianas, indígenas – originarias – campesinas – afrodescendientes – citadinas. Las mujeres buscan consolidar su participación política y protagónica desde la apropiación de conocimientos para el ejercicio de sus derechos; desde su propio discurso, su cotidianeidad, su experiencia de exclusión, su lucha por la reivindicación de derechos, su vivencia ante la situación económica y política y sobre todo desde esas huellas coloniales y patriarcales que quedan plasmadas en la memoria colectiva.

Julián Arias
PROGRAMA DIVERSIDAD – CEPA

jueves, 16 de octubre de 2014

El agua y la tierra en el pensamiento de las “warmis”. Un diálogo colectivo en Llapallapani y Pacopampa

La comunidad de Llapallapani se encuentra en la jurisdicción del Municipio de Huari, es parte del milenario pueblo originario Uru del lago Poopó, junto a las comunidades de Vilañique y Puñaca Tinta María; Llapallapani tiene una organización política que se basa en el sistema de autoridades originarias. La comunidad de Pacopampa, se halla en el Municipio de Machacamarca, su población es quechua y está organizada a partir del sindicato agrario.

Ambas comunidades tienen una relación estrecha con el agua y la tierra. En Llapallapani, las familias se dedican básicamente a la actividad de la pesca y a la producción de quinua en baja escala, y en menor proporción a la caza y la artesanía; en cada una de estas actividades intervienen los miembros de la familia, aunque las mujeres realizan mayormente tareas agrícolas y artesanales. En Pacopampa, la actividad agrícola se centra principalmente en la ganadería y en la producción de algunos cultivos; en ambas actividades productivas se advierte la intervención de todos los miembros de la familia, cuyas tareas son: cría del ganado, manejo del agua de riego y de uso doméstico, siembra y cosecha de cultivos.

La participación de las mujeres en estas actividades permite que tengan un contacto cotidiano con el agua, tanto para el uso doméstico como para el riego y el consumo animal. En Llapallapani, por tratarse de una comunidad Uru de pescadores, cazadores y recolectores ancestrales, la relación de las mujeres con el agua tiene un sentido más profundo, puesto que están muy vinculadas a los recursos lacustres que son parte de la economía y régimen alimenticio de sus hogares. En Pacopampa, el contacto con el agua es cotidiano debido a la actividad agrícola, pero para las mujeres se resume principalmente a las tareas domésticas; mientras, el varón es el que se relaciona con el agua para riego y, generalmente, es elegido como “Juez de Agua” para realizar gestiones  ante las instituciones públicas y privadas.

A pesar de estas diferencias en las actividades productivas, ambas comunidades  comparten un problema común: la contaminación del agua. En Llapallapani el lago Poopó sufre alteraciones en sus sistemas de vida por la presencia de residuos mineralógicos. En Pacopampa, el río San Juan de Sora Sora que pasa cerca de la comunidad, recibe también  residuos sólidos que dañan su estado natural. Ante esta realidad, son las mujeres que intensifican sus actividades para compensar el deterioro del ciclo productivo de la comunidad. Las mujeres de Llapallapani, ante la reducción del pescado, participan también dentro el proceso de producción de quinua; esto deriva también en la percepción de las mujeres sobre conflictos relativos a la tenencia de la tierra, que constituye uno de los problemas internos comunales más relevantes en la actualidad. En Pacopampa, donde la contaminación es la preocupación cotidiana, las mujeres son las que realizan un seguimiento diario al funcionamiento de los destiladores solares, para la obtención de agua limpia que será utilizada para el consumo de la familia; también participan en procesos de incidencia ante las autoridades estatales, pero nunca son elegidas como Juezas de Agua en el sindicato.

Estas percepciones son el resultado de un diálogo colectivo en las dos comunidades, donde el tema del agua y de la tierra penetra en el pensamiento de las mujeres, ya que ambos recursos son fundamentales para el sustento diario de sus familias, por lo que ellas se sienten muy preocupadas con la situación y estado en que se encuentran estos recursos. No obstante, también  sienten que están invisibilizadas, ya que sus opiniones y demandas no suelen tomarse en cuenta al momento de buscar soluciones y tomar decisiones, tanto en instancias comunales y locales, como regionales y nacionales. Sería importante reflexionar sobre estos temas, ya que la atención a las demandas específicas de las mujeres, no solo contribuirían a dar soluciones a los problemas con los recursos agua y tierra, sino que en sentido más amplio,  podría reducir las desigualdades e inequidades de género.

Ruth Vilches Torrejón
Unidad de Formación y Comunicación - CEPA

lunes, 9 de marzo de 2009

La Mujer En La Iglesia

El Día Internacional de la Mujer fue celebrado en los cinco continentes del mundo.

Este 8 de marzo conmemoramos a las mujeres de la historia que lucharon por la “participación social, libertad, igualdad, justicia…”, a las mujeres de la revolución francesa, a las mujeres de mayo del 68 en Francia, a las mujeres que consiguieron el sufragio femenino. A las mujeres famosas y mujeres corrientes que a diario tejen el mundo con sueños, lágrimas, éxitos, fracasos, con hijos o sin hijos, a las mujeres de familia o solitarias que son protagonistas de su propia historia y serán el modelo inspirador de las mujeres que vendrán.

Lo que la sociedad entiende por mujer (coqueta, frívola, obediente, cariñosa, débil….), es un producto cultural, una construcción social y naturalizada sobre lo que es una mujer y lo que es un hombre.

La Iglesia patriarcal, el cine, la publicidad, de algún modo moldearon a la mujer, presentándonos como espejos en los que nos miramos e inspiran de cómo es y debe ser una mujer.

A lo largo de la historia, la mujer ha sido definida como madre, esposa, hija, hermana…. todas estas características nos vienen de cómo somos educadas y socializadas. El reto es reconquistar nuestra identidad y hacernos protagonistas de nuestra propia historia.

Si damos una mirada rápida a la historia, sabremos con certeza que la mujer ha jugado un papel muy importante en la sociedad y en la iglesia, sin embargo fue desvalorizada.

La iglesia nos presenta a María Madre de Jesús, como mujer ejemplo de sumisión, de oculta dedicación y de silencio, una imagen idealizada por la iglesia patriarcal adecuada a sus intereses. Está característica toma poco en cuenta el papel fundamental de la mujer activa, responsable, comprometida en el seguimiento a Jesús.

Otra mujer protagonista pero minimizada y prefigurada, es MARIA MAGDALENA, que siendo la apóstol de los apostoles se le asignó la figura de una mujer pecadora y arrepentida.

En los cuatro Evangelios encontramos que María Magdalena es la testiga ocular de la pasión y muerte de Jesús; fue instruida y enviada por el Resucitado a los discípulos. Pero, por la falta de datos históricos sobre ella, se ha hecho de ella una figura manejable, utilizada incluso contra su propio sexo.

María Magdalena, mujer de ayer y de siempre.

Alicia Cuiza
CEPA