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martes, 18 de abril de 2017

Jallupacha, expresión de cultura e identidad de jach'a Karangas


El ritual “Puqhanchawi del Jallupacha” celebra la Nación Originaria Suyu Jach’a Karangas el miércoles antes de la entrada del Anata Andina durante el tiempo del Carnaval. Es así que el Jallupacha expresa la cultura e identidad de Jach’a Karangas.

En la cosmovisión andina, la persona está fundamentada en la relación: consigo mismo, con el mundo espiritual, con los otros, con la naturaleza y el mundo subterráneo; que se rige bajo el principio de la dualidad del chacha – warmi. 

Según nuestra cosmovisión, decimos que la Pachamama es la madre tierra que cuida la vida de los hombres, mujeres, niños y niñas; es la Madre que cuida de los animales; es la Madre que es dueña de las piedras, los cerros y vertientes de agua; la que protege, cuida y hace que la tierra dé sus frutos para el bienestar y la seguridad alimentaria de las personas. En ese entendido para el hombre andino nada es gratuito, si uno quiere recibir debe saber dar. Por consiguiente cuando se celebra el “Phuqanchawi del Jallupacha” se  hace referencia a “cumplir”, “hacer cabalar” una cosa con las deidades y los antepasados, ya que han sido generosos con los habitantes de Jach’a Karangas. Por lo que ellos, las autoridades están obligados a devolver (simbólicamente) parte de lo que han recibido. Este cumplimiento es parte de la reciprocidad que existe entre las personas, las deidades y los antepasados que están velando por el bienestar de todo el pueblo.

Esta expresión ritual del phoqanchawi, se realiza en la zona sud de la ciudad en el cerro denominado el Cóndor, por lo que nos preguntamos ¿por qué en la Illa del Cóndor? En la simbología andina están presentes el cóndor, el puma, el águila y otros animales. También el puma y el cóndor Mallku son considerados como animales sagrados y estan representados en Tiahuanaco. Se dice  que este animal con su vuelo está entre el Akapacha (tierra) y el Alajpacha (cielo)". En el contexto de Karangas, el Mallku es el que representa la máxima autoridad entorno al cual se genera la unidad de nuestros pueblos. 

Hablar del ritual del Phuqanchawi del Jallupacha es tener una mirada crítica y reconocer en la práctica, la vigencia del calendario andino que está determinado por el ciclo agrícola, y cómo éste influye en la práctica cultural y vivencia religiosa de los pueblos. Es también comprender la relación que las personas tienen con el mundo sagrado y la interrelación entre sus habitantes,  el diálogo que se establece con la Pachamama (madre tierra) durante esta época, se lo hace a través de la tarqueada y la interpretación de la anata.

Así mismo, podemos decir que este ritual encierra un patrimonio religioso y cultural fundamental para el fortalecimiento de las Naciones Indígena Originaria Campesinas del departamento de Oruro.

Por lo que es importante, comprender que en este ritual se conjugan varios elementos, no solo el respeto y agradecimiento a la Pachamama por los productos agrícolas y pecuarios obtenidos, sino también es un indicador del rol de servicio que las autoridades originarias tienen que cumplir, por ser ellos los responsables del bienestar de las familias, de las comunidades, de la producción agrícola y reproducción pecuaria. Es decir, del bienestar y de la vida.

Cómo todo hecho religioso – ritual, también promueve la unidad de la Nación Originaria, por ello participan todas las markas y ayllus del territorio de Karangas como la propuesta, siempre vigente de un modelo de desarrollo basado en el respeto y diálogo con la naturaleza. Según plantean algunos, ésta expresión fortalece la resistencia frente a las amenazas de la colonización y promueve la integración de los pueblos mostrando una nueva manera de construir ciudadanía.
Cada ritual, en el mundo andino, es también una  celebración festiva. En consecuencia, luego del ritual se desarrolla la demostración de expresiones culturales y religiosas de las Markas, cada una con sus propias particularidades.


Julián Arias Carballo
Programa Diversidad – DKA
Unidad de Culturas - CEPA

martes, 24 de febrero de 2015

Participación de los Urus del lago Poopó en el Anata Andino 2015

La XXIII versión de Anata Andino en la ciudad de Oruro, se celebró el día jueves 12 de febrero, con la participación de pueblos y naciones originarias del departamento de Oruro y algunas comunidades de departamentos vecinos. Esta celebración festiva relacionada con el momento productivo de la precosecha y el periodo final de la estación de lluvias en el Altiplano, también es una ocasión para que los pueblos originarios puedan reafirmar su identidad cultural y expresar sus demandas y aspiraciones colectivas.

Más de un centenar de comunidades hicieron la presentación de música y danza propias de la época: tarqueada, pinkillada, moceñada, poniendo de manifiesto la diversidad cultural de las altas tierras andinas. Destacamos la participación de los Urus del lago Poopó, milenario pueblo del territorio orureño, particularmente la comunidad Uru de Llapallapani (ubicada en el Municipio de Huari de la provincia Sebastián Pagador). En palabras de una de las autoridades Uru, Adrián Quispe, “los Urus estamos recuperando las tradiciones de nuestros ancestros, que desde antes realizaron costumbres de agradecimiento al lago Poopó en la época de Carnaval; ahora estamos presentes en el Anata Andino para demostrar a los hermanos orureños la cultura de nuestro pueblo, también para que nos conozcan porque muchos ya se han olvidado de nosotros, los Urus del lago Poopó”.

La danza presentada por los Urus del lago Poopó fue una traqueada estilo comparsa. Medio centenar de comunarios de Llapallapani, varones y mujeres, ingresaron a la cabeza de sus autoridades originarias que portaban un banner con el nombre de “Nación Qot Zoñi, Urus del lago Poopó”, también mostraba la imagen de un hombre Uru con postura de lucha, complementada con el rótulo posterior de “Tierra y territorio para nuestro pueblo milenario”, ya que esta es la demanda principal para un pueblo que actualmente vive en espacios de tierra insuficiente, lo que deriva en las precarias condiciones económicas de las familias Uru, además que pone en riesgo la continuidad de su milenaria cultura. Al momento de su ingreso en la Av. Cívica, lo Urus entonaron una canción que hacía referencia a la situación crítica en que se encuentra el lago Poopó, con riesgo de secarse debido a los efectos de la contaminación y el cambio climático, lo que también tendría consecuencias negativas para este pueblo de pescadores tradicionales.

Marcelo Lara Barrientos
UNIDAD DE CULTURAS – CEPA

viernes, 20 de febrero de 2015

ANATA. Agradecer a los antepasados y a la Pachamama con flores, bailes y música para frutos y crias

Hablar del Anata Andino es hablar de la diversidad cultural existente en las comunidades del área rural de nuestro departamento. En esta celebración podemos ver, comprender, sentir y vivir la diversidad de expresiones en el Carnaval de Oruro en relación a la época del Jallupacha (tiempo de lluvia) del calendario del mundo andino.

Realizar un estudio general y en profundidad del Anata Andino, en este contexto, es bastante complejo, ya que cada comunidad, ayllu y pueblo indígena originario campesino tiene su propia particularidad. Esta celebración se encuentra estrechamente ligada al florecimiento de los campos y los primeros frutos de la producción agrícola; en consecuencia, es parte del agradecimiento a la Madre Tierra por los productos de la temporada de lluvias en la época del Jallupacha. “Es el tiempo de agradecimiento a la Pachamama por el florecimiento de los campos y el crecimiento de las crías de los animales. Por tanto, hablar del Anata Andino es hablar de la riqueza multicultural y de la dimensión religiosa de agradecimiento por la lluvia y los productos agrícolas y pecuarios”.

Este agradecimiento a la Pachamama se celebrará al son de instrumentos propios de la época, como son la tarka, la moceñada, el pinquillo, el t’uruma y la qunquta. Estos instrumentos permiten a los comunarios dialogar con la naturaleza y el cosmos; con estos instrumentos se pide lluvia para los campos y también se evita las inundaciones de sus terrenos.

En consecuencia, la diversidad cultural y las diferentes expresiones religiosas de las comunidades se han mantenido durante siglos a pesar de que durante el periodo colonial y republicano éstas prácticas quedaron invisibilizadas y acalladas por algunos sectores de poder que tienen como modelo de desarrollo la explotación y exportación de nuestros recursos naturales. En consecuencia, este modelo de desarrollo no considera el desarrollo integral de los pueblos, sino más bien motiva la discriminación y promueve la destrucción de la Madre Tierra.

Los que hoy participan del ANATA ANDINO afirman que sus prácticas culturales y vivencias religiosas están vivas como lo están sus antepasados que acompañan a las comunidades durante sus festividades. Es decir, sus difuntos o antepasados son los que acompañan la época de florecimiento de las plantas y por eso en los rituales los originarios les recuerdan y agradecen porque siempre acompañan a sus familias y comunidades. Quienes participan de este evento nos dicen: “Estamos en el tiempo de la flor, del huipacha. Anata quiere decir ‘juego de las flores’. Las flores no se ve todos los días en el altiplano, pero esta época hay flores y el viento les hace jugar. Lo más hermoso de la vida es la flor y en esta época está jugando con el viento; es justamente lo que cargamos en nuestros aguayos y con eso estamos en la entrada del Anata Andino”.

“El día del Anata es la expresión especial que hacían nuestros antepasados para agradecer a la Pachamama por todo los bienes que nos da en nuestros hogares, en nuestras comunidades y nuestros campos. Ahora queremos demostrar a todo el mundo la alegría por nuestra producción y por eso estamos junto a nuestros hermanos de Oruro, Potosí y Cochabamba”.

Por otra parte es importante considerar que todo acto cultural, en el Mundo Andino, es la solicitud de licencia a la Pachamama. Se pide a los lugares sagrados y a los antepasados que protejan a la comunidad y que durante su participación en este Anata Andino no exista ningún tipo de inconvenientes ni problemas, sino más bien “que todo se lleve en un ambiente de confraternidad y armonía para nuestros pueblos”. En ese contexto la FSUTCO realizará la noche anterior a la entrada el ritual correspondiente para pedir permiso o ‘licencia’ a la Pachamama y que “sea un espacio de compartir lo que se vive en el campo entre toda la gente que se concentrará en la ciudad de Oruro”.

Para las comunidades no todo termina ahí, sino más bien es el inicio de una serie de festividades a realizar por este tiempo de las lluvias y esta época agrícola. Cada comunidad iniciará su celebración ya desde el Domingo de Carnavales. Por ejemplo, en la localidad de Bombo - del municipio de Huanuni - se llevará adelante el ‘warak’anaku’ (los comunarios se lanzan manzanas verdes con hondas). El día lunes y martes visitarán los sembradíos y se adornarán los campos. En algunos lugares, el martes por la tarde, se visitarán los corrales del ganado camélido (llamas) y ovino (ovejas) para ‘t’ikanchar’ (poner adornos) a las orejas de estos animales con lanas de colores vivos. Luego se realizarán ‘takipayanaku’ (intercambio de canciones entre hombres y mujeres) y bailarán compartiendo la chicha elaborada por ellos mismos. El día miércoles, actúan las comparsas, como sucede en Pocoata. Así podemos ir enumerando la riqueza cultural de agradecimiento a la Madre Tierra durante esta época agrícola.

Los instrumentos de la época que acompañan estas festividades son la tarka, la moceñada, el pinquillo y la qunquta. Estos instrumentos, según creencias de los comunarios, deben ser ‘serenados’. Es decir: los instrumentos deben ser dejados por toda una noche en cuevas por donde corre agua, con la condición de que el dueño del instrumento debe acompañar de muy cerca, pero no le está permitido observar. Algunos nos dicen: “Estos instrumentos serenados nos permite dialogar con la Pachamama. Además, el sereno nos da la tonalidad para participar de festivales y con eso siempre llegamos a ganar en los concursos”.

Otra de las características de la época es el ‘paqumaku’ con plantitas arrancadas después de realizar la ch’alla a la chacra. Esta ch’alla debe realizarse con mucho respeto. Estas plantitas, luego, son cargadas por las mujeres y al son de la tarqueada son llevadas hasta sus hogares. Posteriormente las plantitas son colocadas sobre una mesita para realizar un ritual, pidiendo a la Pachamama que la cosecha del año sea fructífera y el alimento no falte en los hogares. Esta práctica cultural aún se mantiene en muchos lugares, pues permite compartir los productos agrícolas con quienes no tienen siembras, pero con la condición de que realizan la ch’alla correspondiente con serpentina, coca y un poquito de alcohol.  Haciendo esto, la persona visitante puede arrancar un par de matitas de la chacra pidiendo permiso a los ancestros y a la Pachamama y agradeciendo por la comida que será otorgado para todo el año.

Julián Arias Carballo
CEPA – PROGRAMA DIVERSIDAD

JALLUPACHA: Las autoridades originarias y las comunidades de Jach´a Karangas expresan su cultura e identidad.

Durante la época del carnaval, las fiestas y la alegría se hacen común en todo el territorio boliviano; aunque se debe reconocer que todos los departamentos, Tarija, Santa Cruz, Cochabamba, La Paz, tienen sus propias particularidades y costumbres a la hora de festejar estos días. Sin embargo, algo que relieva el carnaval de nuestro país ante el mundo es la fastuosa entrada del carnaval de peregrinación en devoción a la Virgen de la Candelaria, imagen que se encuentra en el Santuario Nuestra Señora del Socavón, comúnmente conocida coma la “mamita de la Candelaria”. Como se podrá observar lo que más se mencionan son las celebraciones realizadas en las capitales de los departamentos. Además dichas expresiones culturales y religiosas son difundidas por los medios de comunicación social a nivel nacional e internacional.

Durante siglos las celebraciones del carnaval en las áreas rurales han sido invisibilizadas, empero no por ello olvidadas. Poco a poco el área rural está sacando de la clandestinidad y luchando por visibilizar sus tradiciones, costumbres y prácticas culturales y vivencias religiosas.

En este contexto se debe mencionar el ritual “Phuqanchawi del Jallupacha”, celebrado por la Nación Originaria Suyu Jach’a Karangas. Este acto encierra un patrimonio religioso y cultural fundamental para el fortalecimiento de las naciones indígena originarias del departamento de Oruro. Por eso, es importante constatar que en este ritual se conjugan varios elementos, no solo el respeto y agradecimiento a la Pachamama por los productos agrícolas y pecuarios, sino además indica el rol de servicio de las autoridades originarias que son responsables del bienestar de las familias, de las comunidades y la producción agrícola-pecuaria. También promueve la unidad de la Nación Originaria y es un indicativo de un nuevo modelo de desarrollo basado en el respeto y diálogo con la naturaleza. Por otra parte, según reconocen algunos, fortalece la resistencia frente a las amenazas de la colonización y promueve la integración de los pueblos  mostrando una nueva manera de construir ciudadanía.

Cabe aclarar que esta demostración de las expresiones culturales y religiosas, busca la reivindicación de Jach’a Karangas como nación originaria. Así lo expresan algunas personas que han sido protagonistas de este proceso de construcción de la identidad indígena originaria en esta nación originaria:
  • “En la simbología andina está presente el cóndor, el puma, el águila y otros animales. El puma y el cóndor mallku son considerados como animales sagrados en Tiahuanaco, por eso, en el contexto de Karangas, el Mallku es el que representa la máxima autoridad de unidad de nuestros pueblos. Este animal con su vuelo está entre el akapacha (tierra) y el alajpacha (cielo)”
  • “Cuando empezamos este ritual del Jallupacha, nos dimos cuenta que es para la reconstitución del territorio y la restitución de sus autoridades. Además, en el tema del Jallupacha, hemos visto nuestra realidad como migrantes. Somos más del 80% que tenemos nuestras casas en la ciudad de Oruro. Es lo que se ha llegado a denominar la ‘doble residencia’. De hecho algunas veces permanecemos más tiempo aquí en la ciudad que en nuestras comunidades; esa es la dinámica que llega a complementar la economía de nuestro pueblo.”
 “Aquí el Cóndor (refiriéndose al lugar donde se realiza el ritual) es un lugar sagrado para todas las autoridades originarias de nuestro Suyu y aquí vamos a sacrificar la llama como señal de agradecimiento de la lluvia y pedir que haya mayor producción. Este ritual está impregnado del deseo de todas las autoridades originarias para que sus ‘wawaqallus’ (comunarios) puedan tener buena alimentación, gozar de salud, que sus hijos puedan acceder a una buena educación y lograr conseguir carreras profesionales.”

Por otra parte, hablar del ritual del Phuqanchawi del Jallupacha es tener una mirada crítica y reconocimiento al calendario andino que está determinado por el ciclo agrícola y cómo ésta influye en la práctica cultural y vivencia religiosa de sus pueblos; es comprender la relación que las personas tienen con el mundo sagrado y la interrelación entre sus habitantes. Además, el diálogo que se establece con la Madre Tierra, que durante esta época se lo hace a través de la tarqueada.

Este 2015, el ritual se realiza el día miércoles 11 de febrero. El punto de partida es el sector del cerro de Conchupata. Luego del pedido de licencia a las 7:00 los participantes se dirigirán al ritmo de la música y la danza de la tarqueada hasta el sector denominado “El Cóndor”, lugar donde se realizará el acto principal. Pasado el mediodía harán su demostración en las puertas del zoológico; allí podremos ver el colorido, la danza y la coreografía de todas las poblaciones que integran la nación originaria.

Julián Arias Carballo
CEPA – PROGRAMA DIVERSIDAD

Fiesta de San Blas en Toledo

Cada tres de febrero se celebra la fiesta de San Blas, según el calendario católico. Sin embargo, esta fiesta adquiere una característica propia entre las autoridades originarias de la marka Toledo, provincia Saucarí. Cabe hacer notar que la denominación de esta fiesta adquiere su propia característica según los pobladores de Toledo y se refiere a ella como Santa Plaza T’ikita o San Plaz T’ikita. Por otra parte cabe mencionar que durante este día la iglesia católica del lugar está cerrada y no hay misa en referencia a este santo.

Toledo se encuentra a unos 25 kilómetros al sur de la ciudad de Oruro. También se puede decir que se encuentra al extremo sur del río Desaguadero. Está dividido en dos parcialidades; Urinsaya (Ukhati) y Aranzaya (Akhati). La estructura de sus autoridades originarias adquiere la forma de un cuerpo. Por ejemplo: Chukiyuka (cabeza), Chariri (cuerpo), Ullami (rodilla) y Q’asaya (pie). Esta estructura se denomina el Cuerpo de Autoridades Originarias de la Provincia Saucarí (CAO–S).

No nos olvidemos, que las celebraciones de las festividades que realizan las autoridades originarias del mundo andino son parte de ritualidades de petición, agradecimiento y respeto a la Madre Tierra. Por tanto esta fiesta tiene relación con el agua del tiempo del Jallupacha (época de las lluvias que inicia durante el mes de noviembre, según el calendario andino).

La vocación productiva de las comunidades de la marka Toledo esta en base a la crianza del ganado ovino; sin embargo podemos observar que su territorio es extenso, árido y seco, a pesar de que muy cerca pasa el río Desaguadero. Una de las estrategias tecnológicas que usaron los ancestros del lugar fue la construcción de wijiñas, adaptándose a las condiciones climáticas del altiplano. Esta tecnología resulta ser una mezcla entre la agroecología y las tecnologías andinas para la cosecha de aguas como reservorio para enfrentar tiempos largos de sequía o a la época del awtipacha (tiempo seco según el calendario andino).  Las wijiñas son depósitos de agua cuyo diámetro es variables entre los 4 y 6 metros, con una profundidad diferenciada entre un metro y un metro con 20 centímetros. El agua que llenan las wijiñas es cosechada durante la temporada de lluvias.

La fiesta de “San Plaz T’ikita” es responsabilidad de las autoridades originarias del CAO-S, quienes colocan un cántaro o Ph’uñu de chicha en medio del patio de sus sedes (casa comunal). El cántaro representa a las wijiñas de la región y la chicha (que debe ser dulce) representa al agua. Según ellos, “el agua es vida para las plantas, para el ganado y para todas las personas”. No debe faltar durante la época seca, por eso debe ser cosechada en la temporada de lluvias. El cántaro es adornado con claveles, flores que se producen en la región. En consecuencia, es parte de las festividades de la época del Jallupacha, pues toda la región se llena de flores y las wijiñas de agua. No falta la alegría y esta alegría debe ser festejada.

Según el pensamiento andino los responsables de la buena producción agrícola y ganadera de los pueblos indígenas originarios son sus autoridades originarias; en consecuencia ellos deben cumplir con sus prácticas culturales y religiosas para que no falte el agua en su región, por tanto los responsables de esta celebración – ritual es el jilaqata o el tata awatiri.

Algunos ancianos de la región manifiestan: “Antes nosotros cuando éramos autoridades originarias,  ch’allábamos en las cuatro esquinas; ahora ha cambiado, ahora las autoridades son acompañadas por la tarqueada."

Julián Arias Carballo
CEPA – AMERINDIA

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SAN BLAS

Blas de Sebaste, venerado como San Blas, fue un médico, obispo de Sebaste en Armenia (actual Sivas, Turquía), y mártir cristiano. Hizo vida eremítica en una cueva en el bosque del monte Argeus, que convirtió en su sede episcopal. Fue torturado y ejecutado en la época del emperador romano Licinio, durante las persecuciones a los cristianos de principios del siglo IV.

Su culto se extendió por todo Oriente, y más tarde por Occidente. En la Edad Media, se llegaron a contabilizar solamente en Roma 35 iglesias bajo su advocación. Su festividad se celebra 3 de febrero en las Iglesias de Occidente y el 11 de febrero en las de Oriente.

En Dubrovnik (Croacia), su festividad es emblemática y casi milenaria (se remonta como mínimo al año 1190) y se incorporó en 2009 en la lista del patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

FUENTE: http://es.wikipedia.org/wiki/Blas_de_Sebaste

lunes, 17 de noviembre de 2014

Noviembre: Mes de visita de las “almas” e inicio del tiempo de Jallupacha

El mes de noviembre es un mes de mucha importancia para muchas poblaciones de Latinoamérica, en especial para aquellos pueblos que viven de la agropecuaria. Al inicio de este mes se vive además la fiesta de Todos los Santos, una celebración muy significativa para comprender la percepción que el hombre y la mujer andina tienen en relación a la vida después de la muerte.

Esta festividad es un espacio donde se siente la presencia viva de los ancestros – antepasados, ya que, la muerte es considerada una parte más del ciclo vital del ser humano; se considera que las personas fallecidas no abandonan a sus familias ni a sus comunidades, sino más bien“el ajayu” del difunto convive junto a ellos. En consecuencia para el primero de noviembre se “arman tumbas”, con manteles y coronas de color negro (para difunto adulto) o manteles y coronas de color blanco (para difunto niño, niña o adolescente). Sobre estas “tumbas” se colocan algunos alimentos preparados para la ocasión y en especial comidas y bebidas que “le gustaba mientras vivía”.En tanto el dos de noviembre se visitan los cementerios. En este espacio se puede observar diferentes prácticas culturales y vivencias religiosas. Por ejemplo, podemos ver gente que hace rezar por frutas de la época o “t’antawawas” (panes de variedad de formas como escaleras, sol, luna, animales u otros).  Otros visitantes contratan pequeños grupos musicales que al son de la banda, guitarra u otros instrumentos entonan notas de la música que al difunto le gustaba escuchar o bailar en vida. Esto no es sólo válido para las poblaciones de los Andes altiplánicos, pues similar situación se puede observar en los cementerios de Cochabamba y Santa Cruz.

Esta experiencia de espera y presencia del “ajayu” del difunto, se repetirá aunque con menos intensidad, durante la festividad de San Andrés, que se celebra el 30 de noviembre. Durante esta fecha se realizan, al igual que en Todos Santos, celebraciones eucarísticas con una lectura larga de nombres que los dolientes “han hecho anotar para escuchar misa” y por supuesto no faltará una gran cantidad de flores que deben ser bendecidas por el sacerdote, antes de ser llevadas al cementerio.

Para los pueblos originarios la fiesta de Todos Santos no sólo es el momento de esperar y estar con el “ajayu” del difunto. (Considérese que comúnmente se dice “alma”, sin embargo según el vocabulario propio de los aymaras, se denomina “ajayu”; esta denominación conlleva mucho significado ya que se refiere al ánimo, espíritu y alma). El “ajayu” representa la integralidad de la vida; en consecuencia para el hombre andino el “ajayu” no está solo en las personas, sino en toda la naturaleza (piedras, árboles, animales, cerros, etc.). Por eso se dice que la naturaleza y el cosmos tienen vida y en consecuencia se la debe respetar y dialogar con ella; se debe mantener el equilibrio.

Por eso Todos Santos no es sólo el momento para recordar a los difuntos; sino que es el inicio de una nueva época, según el calendario andino – amazónico, denominado “tiempo del Jallupacha”. Este tiempo inicia en el mes de noviembre y concluye a fines del mes de marzo, o concretamente el lunes de Pascua, tomando en cuenta como referencia el calendario festivo de la iglesia católica.

El dos de noviembre se constituye en un momento festivo para la población indígena, originaria y campesina, porque es la fecha en la cual los ancestros visitan a las familias y sus comunidades; es un tiempo para compartir comidas, bebidas y la alegría de la música.

De la misma manera, el 30 de noviembre (fiesta de San Andrés) los comunarios visitarán los cementerios. Por ejemplo en Huanuni (provincia Pantaleón Dalence), la gente del campo se aproxima al cementerio desde muy temprano, y a la salida del mismo los dolientes se echan mixtura blanca en la cabeza y se darán abrazos diciendo: “que sea en buena hora”. De la misma manera, en algunas poblaciones del Norte Potosí, mucha gente espera en las puertas del cementerio mientras los dolientes visitan las tumbas  de sus difuntos. Una vez cumplida esta visita, se da inicio a la fiesta al ritmo de instrumentos aerófonos como la tarqueada y pinquillada o al ritmo de instrumentos de cuerda como la qonqota. En este sentido, para los que vivimos en las poblaciones andinas, la muerte no es “alejarse de este mundo para irse al cielo”, sino el ajayu del difunto continúa junto a su familia y la comunidad, dialogando con la Pachamama para que la cosecha, la reproducción de las crías de animales y la vida en las familias estén bien y no falte nada en los hogares de las personas.

Es decir, el tiempo del Jallupacha no sólo está relacionado con las lluvias, sino también con la presencia de nuestros ancestros. Esta presencia se extiende hasta la época de los carnavales y en los rituales como el jisk’a anata y jach’a anata, cuando se les invocará para que las cosechas y la reproducción de los animales sean buenas. Según las prácticas culturales y prácticas religiosas que aún se mantienen, se cree que el “ajayu” viene para traer fecundidad y fertilidad para la alimentación de los comunarios durante todo el año, conforme a la filosofía andina del Vivir Bien. Noviembre también es la época de la siembra tardía en los campos del altiplano, mientras que las plantitas de la primera siembra (septiembre) o segunda siembra (octubre) ya están empezando a reverdecer, por lo que se necesitará la lluvia.

Durante el tiempo o época del Jallupacha se toca el instrumento musical de la tarka. Este instrumento permite dialogar con la Madre Tierra (Pachamama) para pedirle que haya suficiente lluvia para los sembradíos o caso contrario para que deje de llover o granizar y no afecte a las plantitas que reverdecen o empiezan a florecer. Por tanto la tarqueada (interpretación musical y danza al ritmo de la música de la tarka) se realizará, desde Todos Santos, pasando por las celebraciones del jisk’a anata y jach’a anata, y durante la floración de la papa en carnavales, hasta el lunes de Pascua.

San Pedro de Totora se constituye en un emblema cultural para la Nación Originaria Suyu Jach’a Karangas, ya que es aquí donde el 10 de noviembre se desarrolla el denominado “desentierro de la tarqa en honor al inicio de las lluvias, la germinación de la papa, el reverdecimiento de los pastizales y el inicio del Tumpawi y Muyunta de las autoridades originarias, hilacatas, tata tamanis, mama tamanis de los nueve ayllus de la provincia” (Ley 3710, Art. 2). Esta recuperación cultural, es uno de los elementos que corresponde al proceso de descolonización y de la construcción del Estado Plurinacional de Bolivia. La provincia San Pedro de Totora ha sido declarada, por la Ley 3710 del 9 de julio de 2007, como la “Capital Folklórica de la Tarqueada y de los tejidos multicolores, verdes; aguayos; ponchos; ch’uspa; ch’ullus y tarillas, que son la indumetaria de las autoridades originarias a nivel departamental y nacional, las mismas que se constituyen en símbolos culturales del pueblo aymara y boliviano” (Art. 1).

No debemos olvidar que muchas de estas prácticas culturales y vivencias religiosas han sido mantenidas por siglos a través de la tradición oral y las prácticas culturales en cada una de las comunidades. Una práctica cultural o vivencia religiosa de una comunidad puede ser muy diferente a la de otra,  aunque entre ellas se encuentren cercanas.

Cosa común es que la celebración del “tiempo del Jallupacha” está relacionado con la producción agrícola y pecuaria del Juchuy Puquy (pequeña madurez – correspondiente a los meses de enero y febrero) y Jatun Puquy, (tiempo de la gran madurez – correspondiente a los meses de febrero y marzo). Además, es el tiempo de los cruces y del apareamiento de animales y de las actividades preparatorias para las cosechas y el agradecimiento por su labor a la Madre Tierra, que generosamente garantiza la alimentación  para los wawaqallus (comunarios).  La fiesta de la Virgen de la Candelaria, en la concepción del hombre y la mujer andina, es el comienzo de los preparativos para las cosechas y la k’illpa (marcación de animales). En estas fechas los campos de producción son regados con licores, confites, serpentinas y frutas dando inicio a las fiestas de Carnaval o Anata Andina. En estas fechas se produce también la “qhispia” (robo ritual de mujeres jóvenes), durante el Domingo de Tentaciones.

Julián Arias
Programa Diversidad - CEPA

lunes, 31 de marzo de 2014

Carnaval es también una celebración en familia



Las actividades del Carnaval de Oruro inician con el ritual Puqhanchawi del Jallupacha, organizado por las autoridades originarias de la Nación Originaria de Jach’a Karangas seguido por la Entrada del Anata Andina organizadA por la Federación Sindical Única de Trabajadores de Oruro y la peregrinación del Carnaval de Oruro, organizada por el Gobierno Autónomo Municipal de Oruro, la Asociación de Conjuntos Folclóricos de Oruro y el Comité de Etnografía y Cultura. En estos tres espacios se funden prácticas culturales, religiosas y festivas.

¿Será que todo el Carnaval está en el marco de prácticas culturales, religiosas y festivas, organizadas por instituciones ¿Dónde queda la familia y el hogar?

A primera vista todo parece desenvolverse en la demostración de la danza, música y coreografía.  Sin embargo, la riqueza de nuestro Carnaval va más allá de estas manifestaciones culturales públicas y se concretiza a nivel hogareño y familiar durante el martes de ch’alla. Este día, desde muy tempranito las familias se organizan para hacer las compras de serpentinas, globos, luqmas  (membrillos), confites banderines y mixturas; todo servirá para adornar las casas, los electrodomésticos y los bienes adquiridos.

Además, los jefes del hogar realizarán la compra de una “mesa dulce” que servirá para agradecer a la Pachamama por todos los favores recibidos (trabajo, bienes, salud y amistad) durante el año que pasó; también servirá para pedir a la Pachamama mayor bendición para la familia, compra de bienes para el hogar y sobre todo que no falte trabajo. Esta “mesa” es ofrecida por el jefe del hogar, ya sea a medio día o al caer la tarde. Antes y durante el ofrecimiento se comparte la coca, como elemento fundamental para la realización del ritual, ya que permite compartir y dialogar entre los que están presentes. Las prácticas y vivencias religiosas varían de acuerdo a cada uso y costumbre de las familias; por ejemplo algunos inclusive usarán la fruta de la granada para arrojar contra la pared; otros en cambio con la nuez averiguan si la Pachamama ha recibido bien la ofrenda.

Pasado este ritual se comparte un plato de comida, cocinado especialmente para el día. En este espacio se recibe visitas de otros parientes, amigos y vecinos y recién empieza la fiesta alrededor de la ofrenda a la Pachamama sin que falte la cerveza y otro tipo de bebidas. Mientras tanto los niños y adolescentes se ponen a jugar con agua y con espumas.

Julián Arias
AMERINDIA
CEPA

miércoles, 26 de febrero de 2014

Phuqanchawi, Ritual del Jallupacha



El ritual del Jallupacha lo celebra la Nación  Originaria Jach’a Karangas desde  hace más de 13 años. Este ritual es
denominado Phuqanchaw ritual del Jallupacha. Son prácticas y “costumbres que tienen que conocer nuestros hijos, porque si morimos los viejitos, nuestros hijos no sabrán como cumplir (con la Pachamama). Nosotros, como mayores, somos las bibliotecas de conocimiento y quisiéramos que nuestros hijos conozcan lo que hacemos como mayores”

Algo que relieva el Carnaval de nuestro país ante el mundo es la fastuosa entrada del carnaval de peregrinación en devoción a la Virgen de la Candelaria o cariñosamente llamada Mamita del Socavón. Sin embargo, las celebraciones del carnaval en las áreas rurales quedaban invisibilizadas, empero no por ello olvidadas. Lo que antes se celebraba en las comunidades, entra ahora con fuerza en los ámbitos urbanos a través de la celebración de la Anata Andina, que anualmente hace su recorrido por las calles de nuestra ciudad el jueves de comadres y de la que participan más de 120 grupos del área rural interpretando sus música autóctonas. El ritual del Jallupacha que se celebra el día anterior a la Anata Andina, es otro componente del Carnaval que tiene su propio significado e importancia.

RECORRIDO A LA CELEBRACIÓN DEL RITUAL

Como es costumbre entre los aymaras y quechuas es importante realizar el thaki (camino), que se debe recorrer para llegar a realizar el ritual principal de Jallupacha. Este camino debe contar con puntos claves que son parte de la celebración del ritual y que han sido elegidos por que representan a la resistencia frente a la colonización, entre ellas podemos citar al Faro de Conchupata, la Plaza 10 de Febrero, la ex oficina de la Nación Indígena Originaria de Jach’a Karangas y el Illa del Cóndor (al Sud, en la zona de Agua de Castilla)

El lugar de concentración es el Faro de Conchupata. Los participantes del ritual se concentran a partir de 07:00 de la mañana, con la llegada de varias  Markas, entre las que podemos citar Totora, Choquecota, Curahuara, Turko, Huayllmarka, Mayacht’asita y las Markanaka como Chuquichambi, Llanquera, Bella Vista, San Miguel, Belén de Choquecota, Corque, Andamarka y Belén de Andamarka. Llegan con mucha alegría al ritmo de la música de las tarkas y por supuesto con gran colorido de sus vestimentas, en la que resalta el color verde. Esta alegría y colorido tiene mucho que ver con los favores recibidos por parte de la Pachamama y con la lluvia que hizo posible el florecimiento de las plantas

A momento de la salida se reúnen las autoridades originarias y realizan el ritual de pedir permiso o licencia para iniciar el thaki rumbo al Cóndor, lugar donde se hará el ritual central. Para el pedido de licencia se coloca un aguayo de color verde y sobre ella abundante coca y cuatro botellitas de alcohol, en dirección a la salida del sol. Quienes se encuentran alrededor, autoridades originarias u otros,  levantan un puñado de coca con sus dos manos a tiempo de expresar “¡que sea en buena hora!, es decir deseando buen augurio y deseos de que todo vaya bien y sin ninguna dificultad.

RITUAL CENTRAL O PHUQANCHAWI DEL JALLUPACHA

Para quienes son rígidos en el cumplimiento con la Pachamama y el Altísimo, las horas importantes son las 6 de la mañana, 12 del mediodía, 6 de la tarde o a las 00:00, ya que se cree que a estas horas las ofrendas entregadas son recibidas por el Altísimo. Es por esta razón que el amauta sube presuroso al lugar donde se encuentra la  Illa del Cóndor para la realización del ritual.

Una vez que las autoridades originarias han llegado al lugar del ritual se preparan las mesas con mucho cuidado. Se ubican en dirección a la salida del sol. Los dos amautas que dirigen el ritual, esperan a los grupos, masticando coca y ch’allando para que la Pachamama y el Cóndor les permitan realizar el ritual.

Seguidamente se prepara las llamas que serán sacrificadas. Se las ata un paño blanco a los ojos y a tiempo que las autoridades originarias derraman un poco de azúcar, se aproximan a su cabeza para hablarles y enviar mensajes a sus antepasados, pidiendo por su comunidad y sus pobladores.

Lo que sigue es la preparación directa del sacrificio de la llama. Para esto uno de los amautas coge un plato con azúcar y en voz alta ofrece lo que se ha preparado en las mesas. Hace peticiones para el buen gobierno de las autoridades originarias, hace peticiones de bendición para todos los pobladores, para sus hijos y para quienes están estudiando. Además, pide permiso a la Pachamama y al Cóndor para que acepten las ofrendas que se les ofrecerán en retribución por los productos y animales de esta época de lluvias. Las oraciones son realizadas en el idioma aymara. Lo que más resalta en relación al Cóndor es que guíe a las autoridades para hacer una buena gestión de gobierno a favor de las comunidades a su cargo. Por otra parte se pide a la Pachamama mayores bendiciones en la agricultura, trabajo y educación de sus hijos, en otras palabras que se cumpla el VIVIR BIEN.

La sangre y el corazón serán presentadas por el amauta encargado del ritual, en tanto las mesas serán ofrecidas por las autoridades originarias, quienes las pondrán sobre el fuego. Este acto será seguido de la “t’ikanchada” al cóndor. Esta t’ikancha será con serpentina de colores en que será envuelta la Illa del Cóndor.

Quienes participan del ritual denominan a esta activadad como el Phuqanchawi del ritual Jallupacha. Phuqanchawi,palabra que deriva de phuqhaña, cumplir. Para Félix Laime Pairumani, Phuqhaña significa: llenar, completar, cumplir; realizado o ejecutado lo acordado; pagar, satisfacer lo que se debe. Phuqhachaña, significa completar, complementar, integrar, hacer cabal una cosa.

En la cosmovisión andina, la persona está interrelacionada consigo mismo, con el mundo espiritual, con los otros, con la naturaleza y el mundo subterráneo; es lo que da importancia a la dualidad del chacha – warmi. La Pachamama es la madre tierra que cuida la vida de los hombres, mujeres, niños y niñas; la que cuida de los animales; de las piedras, los cerros y vertientes de agua; la que protege, cuida y hace que la tierra de sus frutos para el bienestar de las personas. En consecuencia para el hombre andino son fundamentales el principio de reciprocidad y el principio de complementariedad. Es decir, para el hombre andino nada es gratuito, si uno quiere recibir debe saber dar. Por consiguiente cuando el Phuqanchawi hace referencia a cumplir, hacer cabal una cosa con las deidades y los antepasados, ya que han sido generosos con los habitantes de Jach’a Karangas. Este cumplimiento es parte de la reciprocidad que existe entre las personas, las deidades y los antepasados que están velando por el bienestar de su pueblo.

Una vez terminada el ritual, todos bajarán al sector del Zoológico y se continua con la demostración de sus prácticas culturales y sus formas de agradecimiento a la Madre Tierra con los primeros productos recogidos de sus chacras.

CONCLUSIÓN

A manera de conclusión podemos decir que la Nación Originaria de Jach’a Karangas tiene una característica propia de celebrar el Jallupacha en la ciudad de Oruro. Este acto encierra un patrimonio religioso y cultural, que se constituye en uno de los fundamentos para el fortalecimiento de las naciones indígena originario del departamento. En este ritual se conjugan varios elementos que van desde el respeto y agradecimiento a la Pachamama por el tiempo de lluvia, y por ende de los productos agrícolas, pecuarios y el buen forraje; indica el rol de servicio de las autoridades originarias; promueve la unidad de la Nación Originaria; indica el tipo de desarrollo económico basado en el respeto a la naturaleza; fortalece la resistencia frente a la colonización; promueve la integración de los pueblos y nos muestra una nueva manera de respeto a la Madre Tierra (Pachamama).

En la simbología andina está presente el cóndor, el puma, el águila y otros animales. El puma y el cóndor son considerados como animales sagrados del Tiawanacu. Por eso en el contexto de Karangas, el Apu Mallku es el que representa la máxima autoridad y la  unidad de los pueblos. Mallku, traducido al castellano, quiere decir Cóndor. El ritual del Jallupacha es un indicativo para el fortalecimiento de la reconstitución del territorio y la restitución de sus autoridades.



Julián Arias
Programa “DIVERSIDAD” – CEPA