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viernes, 24 de junio de 2016

Machaq Mara 5524

La ceremonia del Machaq Mara, tiene un profundo significado para los pueblos indígenas asentadas en el hemisferio Sur. Es el inicio de un nuevo año, de un nuevo ciclo de vida, tiene lugar en el solsticio de invierno (21 de junio). En el solsticio de invierno, la tierra se encuentra en su punto más alejado del Tata Inti o Tata Willka.

Cronológicamente corresponde al año 5524. Cada cultura o pueblo indígena tiene un lugar sagrado, donde realizan el ritual para recibir el Machaq Mara, cargada de la energía cósmica que revitaliza un nuevo ciclo de vida. A la cabeza de las principales autoridades originarias, esperan  el 21 de junio, la llegada de los primeros rayos solares, para nutrirse con la energía del Tata Inti o Willka Tata. El recibimiento del Machaq Mara  lo realizan con rituales de wilancha de una llama blanca. Este acontecimiento suscita  euforia y esperanza, en los pueblos indígenas, en su camino del Vivir Bien.

Los sabios indígenas (Amautas) conocían exactamente la trayectoria de traslación de la tierra alrededor del sol. Realizaban un seguimiento muy minucioso en centros de observación astronómica, con espejos solares. En estos centros establecían los días precisos de las posiciones de la tierra: El  21 de junio solsticio de invierno y 21 de diciembre el solsticio de verano, así mismo el 21 de marzo el equinoccio de otoño y 21 de septiembre el equinoccio de primavera. La orientación  de la trayectoria de la tierra alrededor del sol, tiene un enorme significado para los pueblos indígenas porque lo consideran vida y su contrario representa  la muerte.  La vivencia cotidiana en las comunidades indígenas, se desarrolla con ese principio de  la vida y la muerte.

Virginio Sandy
Ex autoridad originaria Ayllu Bombo

viernes, 20 de junio de 2014

Junio 21 – Año Nuevo Andino Amazónico



Este 21 de junio celebraremos el inicio del año 5522 para el mundo andino. Esta celebración está relacionada con el solsticio de invierno y conocida por muchos como el Año Nuevo Aymara. Esta celebración tiene su base filosófica en el respeto a los ciclos agrícola-pecuarios de esta región. Sin embargo cabe mencionar que desde hace algunos años esta celebración se denomina Año Nuevo Andino Amazónico. Al respecto la Constitución Política del Estado (CPE) en su artículo 98 Incisos II y III, señala que el Estado asumirá como fortaleza la existencia de culturas indígena originario campesinas, depositarias de saberes, conocimientos, valores, espiritualidades y cosmovisiones; siendo su responsabilidad fundamental preservar, desarrollar, proteger y difundir las culturas existentes en el país. En consecuencia, mediante D.S. Nº 173 del 17 de junio de 2009 se declara feriado nacional: "declara Feriado inamovible al 21 de junio de cada año con suspensión de actividades públicas y privadas en todo el territorio del Estado Plurinacional de Bolivia, con motivo de celebrarse el solsticio de invierno."

Esta fecha, según el calendario andino, recibe algunas denominaciones como Mara T’aqa (Ruptura del Año), Machaq Mara (Año Nuevo), WillkaKuti (Retorno del Sol) o Inti Raymi (Fiesta del Sol). Si bien cada una de estas denominaciones tiene su propio significado, empero expresan el mismo sentido.

Según los aymaras y quechuas esta fechaestá relacionado con el ciclo agrícola por lo que en esta época marca la finalización de un ciclo que se inicia durante la fiesta de Santa Vera Cruz el 3 de mayo (fiesta de la reproducción), seguida de la fiesta de Espíritu (fiesta de agradecimiento a la Madre Tierra) y se concretiza con la selección de los productos para la alimentación, la semilla, la elaboración del chuño, la venta, el guardado en las pirwas (lugares de guardado y conservación de los productos para la época seca) y los rituales durante la fiesta de Espíritu. Por otra parte estas fiestas de Santa Vera Cruz, como la de Espíritu, anuncian el cambio del ritmo de la música y de los instrumentos musicales, pues no nos olvidemos que durante el Jallupacha (noviembre hasta pasado carnaval) se bailaba al son de los instrumentos con boquilla (tarka, lichiwayu y otros) para dialogar con la naturaleza respecto de las lluvias. Desde la fiesta del 3 de mayo se bailará al son de los instrumentos de tubo (el jula jula, quena y la zampoña). Según algunos entendidos en la música andina desde el 3 de mayo al 21 de junio la música es suave y ritualista; después del 21 de junio el ritmo será un poco más rápido y alegre con la finalidad de llamar al frío (para hacer chuño) y durante el mes de agosto para llamar el viento (para ventear los productos como la quinua, el grano y el chuño).

Una anécdota. Este año, el día domingo 8 de junio, en una entrevista en la localidad de Pantipata, cerquita a la capital del municipio de Huanuni, un anciano decía: “La fiesta de Espíritu indica cómo va a ser el frío después del 21 de junio, así que la noche de Espíritu debe congelar” y evidentemente en la ciudad de Oruro se pudo constatar que hasta el momento el 9 de junio fue el único día en que los grifos de agua amanecieron congelados.

Por otra parte según la observación que hacen nuestros antepasados, al alrededor del 21 de junio los días son más cortos y las noches más largas. En esta concepción las observaciones que se hacen del cosmos para determinar el comportamiento del clima es realizar observaciones que van desde el 19 de junio al 24 de junio. Por esta razón existe la concepción que el 24 de junio (noche de San Juan) está relacionado con este nuevo inicio de época.

El tiempo andino desde épocas ancestrales comienza el 21 de junio al brotar el alba o qhantatayita con fastuosas ceremonias rituales dedicadas al Sol, en espacios sagrados como el de Tiwanaku, Copacabana, Samaipata, Incallajta y lugares energéticos Wakas y Apachetas, donde moran los Achachilas. En estos espacios se realizan encuentros interculturales, ofrendas religiosas y ceremonias sociales que conmemoran el inicio de un nuevo año con música, danza y cantos. En Oruro también habrá lugares lugares donde se esperarán los primeros rayos del Sol, como en Condor Samaña (Cerro San Felipe), Venta y Media (comunidad cercana al municipio de Huanuni), en Toledo y otros. Cabe relevar que el Centro de Ecología y Pueblos Andinos también celebrará en el Tambo Chuzekery, lugar donde se encuentran chullpares (sepulturas) del tiempo anterior a los Incas.

Julián Arias
Programa Diversidad - CEPA

Celebración del Año Nuevo Andino – Amazónico en Chuzekery


Guamán Poma de Ayala, 1612

El solsticio de invierno, 21 de junio, fecha cuando el Sol se halla en el punto más alejado del horizonte y los días se hacen más cortos y las noches largas, marca una época de renovación. Es el Año Nuevo, el comienzo de un nuevo ciclo de la naturaleza y, por tanto, de la vida. Esto fue y es motivo de celebración mediante ritos y fiesta, desde lo más profundo del ancestro.

El Centro de Ecología y Pueblos Andinos CEPA, invita a la población en general a la celebración del Año Nuevo Andino-Amazónico, a realizarse este próximo 21 de junio de 2014. La celebración será en Chuzekery, distante a unos 5 Km. de la ciudad de Oruro y lugar donde se hallan los chullpares (monumentos funerarios precolombinos) más antiguos del Altiplano andino. Es el lugar preciso para compartir con rituales, música y otras prácticas culturales apropiadas, el recibimiento de los primeros rayos solares y las energías que renuevan la vida.

La concentración y partida será el día viernes 20 de junio, a Hrs. 22:00, de las oficinas de CEPA, situadas en la Av. España 1550, entre Bullaín y Madrid (zona Sud de la ciudad de Oruro). En Chuzekery se seguirá con un programa especial, entre conversatorios y regocijo a la espera del amanecer. El retorno está fijado para las 08:30 del día 21, luego de los rituales principales.

Informaciones e inscripción en el CEPA: Telf. 52-63613

viernes, 1 de julio de 2011

Celebración del Año Nuevo Andino en Chuzekery


Sin olvidar el pasado para avanzar hacia el futuro.

El pasado 21 de junio celebramos el año 5519 (año contabilizado por estudiosos de la cultura aymara), que es en realidad un nuevo ciclo de la vida en el hemisferio sur. Esta celebración convocó a muchas instituciones y personas que con mucha “fe” acompañaron este importante acontecimiento, en uno de los lugares sagrados andinos más antiguos que tiene nuestro departamento, como son los Chullpares de Chuzekery. Al evento participaron aproximadamente 100 personas; asistieron diferentes instituciones como es el Taller de Música Andina “Pusaña”, la Academia de Lenguas “Tahuantinsuyo” y otras instituciones.
En el evento se tuvo también “charlas” con respecto a la música andina, y al motivo por el cual celebramos el Año Nuevo Andino en la región y el hemisferio sur, además de contar con mesas rituales en honor a este nuevo año “nuevo ciclo de la vida”, realizada por el señor Severo Choque, entendido en la entrega de estas ofrendas.
El expositor Marco Arancibia, representante del Taller de Música Andina “Pusaña”, expuso el manejo de los instrumentos musicales en cada época del año, haciendo notar que cada una de las interpretaciones musicales y manejo de los instrumentos tiene su época, como ser en época seca (invierno), época de lluvia, y también de producción.
Por su parte Marcelo Lara, del Centro de Ecología y Pueblos Andinos – CEPA, expuso el motivo de la celebración del año nuevo andino, que está vinculada al Solsticio de Invierno, época en la que el sol está en el punto más alejado, haciendo los días más cortos, y también cuando el astro sol empieza su retorno, haciendo que la vida empiece a renovarse.
 
En el evento se tuvo gran participación de jóvenes que son afectuosos de la cultura andina, como también de personas mayores que intercambiaron opiniones sobre la cosmovisión andina que es motivo espiritual de esta celebración.
La celebración en este lugar se hace cada vez más grandiosa. El Centro de Ecología y Pueblos Andinos –CEPA, respetuoso para las tradiciones y costumbres que mueven la espiritualidad de los pueblos andinos y la cultura, acompaña la inquietud que tienen sus habitantes con respecto a la cultura regional, para mejores días en la región. Sin olvidar el pasado para avanzar hacia el futuro: FELIZ AÑO NUEVO A TODOS LOS HABITANTES DEL HEMISFERIO SUR y renovemos nuestras esperanzas para mejores días.
Marco Zabala 
UNIDAD DE CULTURAS del CEPA

sábado, 19 de junio de 2010

21 de junio: Año Nuevo en el Sur

En realidad se trata del Año Nuevo Andino que se celebra el 21 de junio, fecha relacionada con el solsticio de invierno para los países del hemisferio Sur. Las referencias históricas señalan que en los Andes estuvo muy difundido el culto al sol desde tiempos prehispánicos, particularmente en el Tawantinsuyu o imperio de los Incas, cuyo símbolo religioso principal era el sol.

Sin embargo, los cultos solares no son exclusivos de los Andes. Muchas culturas desde la antigüedad han desarrollado conceptos y ceremonias sagradas relacionadas con el sol. Esto se explica a partir de una concepción cíclica del tiempo, propia de las sociedades agrarias, que organizan el tiempo en base a la observación de los ciclos astrales y climáticos. En el caso de los ciclos solares, los momentos más importantes (solsticios y equinoccios) solían y suelen celebrarse con ritos y ceremonias. El antropólogo inglés James Frazer ha descrito ampliamente el desarrollo de estos ritos en la antigua Europa y otros lugares del viejo mundo, aunque éstos en la actualidad sólo representan un recuerdo del pasado.

Por el contrario, en los Andes los cultos solares están vigentes y estrechamente relacionados con el mantenimiento de una concepción cíclica del tiempo, la cual también comprende momentos cruciales en el año para los pobladores andinos. En Bolivia, por ejemplo, hay que recordar que la mayoría de la población es aymara y quechua, herederos de una cultura que tiene plena vigencia en muchos de sus rasgos, como el pensamiento cíclico y las prácticas relacionadas con la realización de ritos y ceremonias que marcan los momentos más importantes del ciclo anual.

Por eso, no es de extrañar que se celebre el Año Nuevo el 21 de junio. En realidad se trata de un acontecimiento importante, no sólo para los pueblos andinos, sino para todos los pueblos del hemisferio Sur. El solsticio de invierno significa que el sol ha alcanzado su máxima lejanía con respecto de la tierra (en el Sur), y se dispone a retornar regenerando la vida. Este hecho coincide con el significado del Año Nuevo convencional que se celebra el 1 de enero, esta fecha también está relacionada con el solsticio de invierno, pero para los países del Norte. No hay que olvidar que mientras aquí es invierno, allá es verano y viceversa.

A través de hábiles acomodos, la iglesia católica ha instituido un calendario oficial donde se marcan los momentos anuales importantes con celebraciones cristianas. Uno de esos momentos es la Navidad o nacimiento de Cristo, que representa el símbolo solar de los pueblos antiguos. La Navidad está muy relacionada con el solsticio de verano del Norte. Unos días después se celebra el Año Nuevo. En realidad no hay que ser muy preciso con estas fechas, ya que los calendarios son siempre convenciones sociales, es decir, que se fijan arbitrariamente. Lo que hay que tener presente es la relación entre el sol, Cristo y el solsticio de invierno.

Una vez establecida esta organización del tiempo, la misma se ha universalizado a partir del proceso de expansión y conquista emprendida por los países del Norte hacia el resto del mundo. Por ello, hoy nos parece normal celebrar el Año Nuevo en enero, aunque de hecho no es más que un producto de la imposición de un calendario que se ha convertido en parte de nuestras vidas. Sin duda, no podemos prescindir de él y tampoco podemos rechazar la celebración de los momentos importantes que marca dicho calendario, pero esto no significa que estemos imposibilitados de reinterpretar algunos momentos, en función de nuestras propias formas de percibir y organizar el tiempo en el Sur.

Si prestamos mucha atención al significado del Año Nuevo vinculado al solsticio de invierno, sería más apropiado su celebración en el mes de junio para los pueblos del Sur. Si bien los pueblos andinos han retomado esta celebración recientemente, en un contexto de reivindicaciones culturales y políticas en los años 80 y 90, nos parece apropiada su institucionalización, por lo menos en Bolivia. Tiene más coherencia celebrar el “retorno del sol” y la “regeneración de la vida” en el momento específico en que esto sucede, es decir: durante el solsticio de invierno que en el Sur es en junio. No hay motivo para extrañarse o resistirse. Durante años hemos celebrado esta fecha bajo otro nombre: San Juan, que es otro símbolo solar cristianizado (tradiciones ancestrales le consideran como el hermano menor de Cristo). Así que, hay que tener presente que esta fiesta cristiana está también relacionada con el solsticio de invierno.

Hasta aquí nuestra intervención en el debate sobre la pertinencia de la celebración del Año Nuevo el 21 de junio, de manera más reflexiva que mediante la descripción de significados culturales e históricos. Para mayores datos se les invita revisar un artículo anterior de este boletín (Chiwanku N° 450), publicado en ocasión del Año Nuevo Andino del año 2008.

Marcelo Lara B.
UNIDAD DE CULTURAS CEPA

lunes, 22 de junio de 2009

El Sol Sigue Saliendo

P. Bernardino Zanella
Santuario del Socavon

En estos días la decisión del Gobierno boliviano, que ha declarado feriado el día 21 de junio, para la celebración del inicio del año nuevo aymara, ha despertado un fuerte debate en muchos ámbitos. Quiero dar aquí un pequeño aporte al diálogo, teniendo en cuenta la reflexión del grupo Amerindia en su programa de los sábados en la Radio Pio XII, a las 12:00 horas.

En el hemisferio sud, el 21 de junio ha sido el solsticio de invierno. Esto significa que se terminó un ciclo de la relación del sol con nuestro hemisferio. Si uno ha observado atentamente, ha visto que el 21 de diciembre pasado ha sido el día más largo y la noche más corta del año. Desde entonces, ha comenzado un proceso de alargamiento progresico de la noche, y de reducción de las horas de presencia del sol en el día. Hemos llegado hasta la noche más larga y el día más corto, el 21 de junio. Con esta fecha comienza otro ciclo, en que los días irán alargándose, hasta el 21 de diciembre, el solsticio de verano, cuando de nuevo se invertirá el proceso, para llegar al 21 de junio siguiente, cuando se terminará el ciclo completo.

En el hemisferio norte se da un ciclo opuesto: el solsticio de invierno es el 21 de diciembre, con el inicio del nuevo ciclo en que los días comienzan a alargarse, hasta el 21 de junio, el días más largo. El inicio del año el primero de enero ha sido fijado en el hemisferio norte, en relación a este juego astronómico del solsticio de invierno, y del equinoccio de primavera el 21 de marzo.

Hoy en casi todo el mundo el primero de enero es el primer día del año, porque el sistema del hemisferio norte ha sido extendido también al hemisferio sud, a pesar que aquí es invierno justo cuando allá es verano. Tal vez, a esta altura no es pensable que el sistema cambie, pero a nadie se le escapa que el verdadero inicio del año en el hemisferio sud no sería el primero de enero, sino el 21 de junio, y en esta fecha era celebrado por los pueblos originarios. Con la llegada del cristianismo han sido prohibidas las fiestas, consideradas paganas, del inicio del año el 21 de junio, y algunas celebraciones han sido trasladadas a pocos días después, a la fiesta de San Juan Bautista, la noche del 23 de junio. Pero los pueblos originarios siguieron festejando su inicio de año, camuflándolo bajo el día de San Juan.

Que hoy se reconozca y se retome la fiesta originaria de inicio de año el 21 de junio, parece más que legítimo. Y no tendría que ser sólo para los pueblos originarios, sino para todos los países del hemisferio sud. En este sentido podría ser deseable un gran acuerdo sobre este tema entre todos los países de este hemisferio.

De todos modos, se acepte o no la fiesta, se la celebre o no con los distintos ritos, igual el sol empieza su nuevo ciclo, ofreciendo su fuerza y energía para la vida de todos.

lunes, 23 de junio de 2008

El Año Nuevo Andino y su Relación con San Juan

¿QUÉ ES EL AÑO NUEVO ANDINO?
El Año Nuevo Andino es una celebración que se vincula al Solsticio de Invierno, es decir, a la época del año en que el sol se halla en su punto más alejado en el firmamento, los días son más cortos y las noches más largas y frías. Según el calendario, el Solsticio de Invierno acontece el 21 de junio, aunque más importante que la fecha es el periodo de tiempo.

Se dice que con el Solsticio de Invierno el sol empieza su retorno, los días se hacen cada vez más largos y calientes, además que la naturaleza empieza a regenerarse; esto facilita el inicio de un nuevo ciclo de producción para las sociedades andinas agrarias que tienen una concepción cíclica del tiempo.

¿CUÁLES SON SUS SIGNIFICADOS?
Existen diversas interpretaciones: “Willka Kuti” que sería el retorno del sol; es un Taypi (centro) entre el año que se deja y el año que comienza; también es la “renovación” de la vida, de la naturaleza y con ello de un nuevo ciclo productivo.

Esta fecha es de vital importancia para los pueblos andinos que, desde remotos tiempos, han observado cuidadosamente los ciclos de la naturaleza y los astros. Ciclos que han marcado la organización del tiempo, de las actividades productivas y de la vida misma. Por ello es que los pobladores andinos conservan un profundo respeto por su medio natural, lo cual se hace evidente a través de una serie de celebraciones festivas y rituales, mismas que sirven como referentes que marcan los principales momentos de los ciclos astronómicos, climáticos y productivos.

El Año Nuevo Andino es un momento que marca la alternancia de un periodo de oscurecimiento (noches largas) a otro de una claridad creciente (días más largos). Del fin de un ciclo de producción con las cosechas de mayo y el inicio de otro a partir de los ritos de licencias a la Pachamama en agosto y el inicio de las siembras en septiembre. En síntesis es un verdadero Taypi (centro) y a la vez de un Kuti (alternancia) necesario para mantener el equilibrio en la naturaleza y la sociedad.

¿DESDE CUANDO SE CELEBRA Y CON QUÉ OBJETIVOS?
No se sabe con certeza si la celebración del Año Nuevo Andino corresponde a remotos tiempos precolombinos. Sin embargo, en atención a sus significados creo que si puede haber sido posible, puesto que, existe bastante evidencia que las sociedades andinas, como otras sociedades antiguas en el mundo, han desarrollado una organización del tiempo (calendarios) basada en la observación e interpretación sistemática los ciclos de la naturaleza y los astros, comprendiendo y sacralizando los momentos cruciales de estos ciclos. Un ejemplo de ello serían las celebraciones solsticiales de invierno.

No obstante, creo que la denominación de estas celebraciones como “Año Nuevo” es bastante reciente. Existen informaciones que desde aproximadamente la década de los 80 del siglo anterior, algunos intelectuales aymaras, a través de movimientos académicos, culturales y políticos han promovido la organización de festivales del Machaq Mara o Año Nuevo Andino. Eso sucedió en Tiwanaku y otros lugares. Posteriormente, estos festivales crecieron por influjo del turismo y los intereses comerciales.

Pero, pese a ello, en la celebración del Año Nuevo Aymara se halla una clara intención de revitalizar símbolos culturales indígenas, una ideología que sirve como soporte de los movimientos que luchan por la reivindicación de los pueblos originarios.

En este sentido, en Año Nuevo Aymara no sólo marca la renovación de un ciclo anual, sino de todo un periodo de sojuzgamiento, explotación económica, exclusión social, negación cultural y discriminación étnica, en espera de una Pachakuti o inversión del orden social con justicia para los pueblos originarios. Detrás del significado cultural del Año Nuevo Andino, hay también un sentido político de reivindicación.

De este último hecho, puede entenderse que las grandes celebraciones del Machaq Mara se hayan reproducido en distintos lugares de los Andes de Bolivia, Perú, Ecuador y Chile. Celebraciones que se pueden justificar por sus valores y significados culturales y espirituales, pero que guardan estrecha relación con el surgimiento de los pueblos indígenas andinos que se han convertido en principales actores sociales y políticos de los Estados actuales.

¿POR QUÉ 5516 AÑOS?
El 2008 se dice que se celebrarán 5516 años. Pero como se calcula este tiempo. La respuesta se halla en la interpretación que hacen de su historia los propios pueblos andinos. Interpretación que está ligada a esa ideología de reivindicación que mencione anteriormente.

Se habla de ciclos largos en la historia social de los pueblos andinos. 1) Un primer ciclo correspondería a las sociedades andinas antes del surgimiento de las grandes civilizaciones y de la agricultura, se trata de pueblos de cazadores, pescadores y recolectores. 2) El segundo ciclo se relaciona con el surgimiento de la civilización de Tiwanaku, su auge y todo el desarrollo cultural y tecnológico asociado. 3) El tercer ciclo se remite a la decadencia de Tiwanaku y la disgregación de los pueblos andinos que se hallaban constantemente enfrentados en guerras (puede tratarse del periodo arqueológico del intermedio tardío y que la etnohistoria identifica como la época de formación de los “señoríos aymaras”). 4) Con el cuarto ciclo se iniciaría un nuevo periodo de luz, simbolizada en la formación del Estado Inka, de unificación y de orden para los pueblos andinos. 5) Finalmente, el quinto ciclo hace referencia a la tragedia que significó para los pueblos andinos la conquista de América en 1492.

En todos estos ciclos se señala una alternancia entre periodos de oscuridad (puruma/ ch’amak pacha) y de luz (qhana pacha). Tiwanaku y la época Inka serían los periodos de luz para los pueblos andinos. La conquista sería el último ciclo de oscuridad, en la espera de un Pachakuti o un nuevo ciclo de luz.

Cada uno de los ciclos mencionados comprendería una duración de 1000 años (en términos simbólicos, no cronológicos). De ahí que son 5000 años, a lo cual se suman los años cronológicos a partir de 1492 (la conquista de América) hasta la fecha (2008) que serían 516 años. En síntesis, así tenemos los 5516 años que se celebrará con el Año Nuevo Aymara.

¿QUÉ RELACIÓN TIENE CON LA FESTIVIDAD DE SAN JUAN?
En realidad, el Año Nuevo convencional que se celebra el 1 de enero está también vinculado al Solsticio de Invierno, pero para los países del hemisferio norte, ya que, cuando aquí es invierno allá es verano y al revés. Existe bastante documentación que los antiguos pueblos del mundo occidental también celebraban los solsticios con connotaciones similares a los Andes, sólo que todo eso fue encubierto por el cristianismo que impuso su calendario con santos, vírgenes y Cristo, sobre celebraciones que consideraba “paganas”. Ahora, las antiguas tradiciones occidentales son sólo un recuerdo, inscritos en libros de historia y de folklore.

El cristianismo instauró la celebración del nacimiento de Cristo en coincidencia con los ritos solsticiales de invierno y el nacimiento de San Juan Bautista con las celebraciones del solsticio de verano. La fundamentación religiosa cristiana es que Cristo representa la renovación de la vida a través de la redención, en concordancia con las antiguas creencias de que el Solsticio de Invierno representaba la renovación de un nuevo ciclo vital de la naturaleza con el retorno del sol. San Juan Bautista, se asocia con el solsticio de verano, cuando el sol empieza a declinar y, por tanto, en las antiguas prácticas “paganas” se lo trataba de “reanimar” a través de fogatas y luminarias rituales.

El calendario cristiano se hizo universal, y de esa manera llega a los pueblos andinos con el proceso de conversión. Pero como en el sur, el invierno no esta asociado a Cristo, no se habla aquí de un Año Nuevo. El símbolo cristiano que corresponde a nuestro solsticio invernal es San Juan Bautista.

De lo anterior se deduce que en las comunidades andinas actuales se celebró San Juan con las connotaciones e un verdadero Año Nuevo. A parte de las fogatas rituales de la noche del 23 de junio, víspera de San Juan y de los ritos con agua “purificada” el día 24 -en alusión al rol de San Juan que bautizaba a la gente con este elemento-, existe una serie de creencias tanto en las comunidades andinas como en los sectores populares urbanos de que en San Juan se deben quemar las cosas viejas, o que también se debe leer la “suerte” en elementos como el estaño fundido y otros. Aspectos que claramente denotan que se espera un nuevo ciclo, de renovación. La celebración de San Juan, es pues, el Año Nuevo para quienes vivimos en el Sur; es el símbolo asociado a nuestro solsticio de invierno.

Ahora, para mí, tiene más sentido el por qué de las grandes fiestas que se organizan en San Juan, que sólo tienen comparación con el Año Nuevo convencional impuesto por el cristianismo.

Quizás la festividad de San Juan, ha permitido la pervivencia y continuidad de ritos solsticiales que nuestros ancestros solían hacer y que, ahora, se trata de recuperar a través de las celebraciones del Machaq Mara o Año Nuevo Andino.

Marcelo Lara B.
Derechos Etno culturales
Centro de Ecología y Pueblos Andinos (CEPA)