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miércoles, 31 de mayo de 2017

El Turismo Comunitario en Puñaka: posibilidades y preocupaciones

Los impactos de la desaparición del lago Poopó en las comunidades de los Urus Qot Zuñi son múltiples, complejos y estrechamente interconectados. Hay tres pueblos Uru que se ubican de manera dispersa al lado del lago: Puñaka Tinta María, Vilañeque y Llapallapani, y los efectos no son iguales en cada comunidad. Cada una de estas poblaciones tiene contextos y posibilidades de subsistencia diferentes.

La comunidad de Puñaka Tinta María representa la comunidad más pequeña y vulnerable, con menos oportunidades económicas: apenas tiene tierra para cultivar y no tiene ganado. El lago ha sido la fuente principal de sus ingresos. Por eso, la desaparición del lago Poopó representa un desastre total para la población. 

Queda claro que todoslos comunarios están luchando para sobrevivir y seguir viviendo en su propia tierra. Una de las propuestas que surge, desde la comunidad y en diálogo con el CEPA (Centro de Ecología y Pueblos Andinos), es la de la organización del turismo como fuente alternativa de ingresos. Por este motivo, durante los últimos tres meses, se ha profundizado este tema y se verifica cómo se puede construir un proyecto turístico duradero en Puñaka Tinta María que beneficie a toda la comunidad. A partir de la información obtenida en talleres, reuniones, entrevistas y estancias en el pueblo, se puede afirmar que hay tantas posibilidades como grandes preocupaciones que surgen en cuanto a esta temática. 

Actualmente, hay varias tensiones internas que han surgido y/o se están agravando a causa de la pérdida del lago. Esta pérdida no solo se traduce en términos económicos, sino también en la base de la cultura e identidad de este pueblo indígena. Las implicaciones de la ausencia del agua para este pueblo son complejas, diversas y muy estratificadas. Una de estas implicaciones se manifiesta en una mayor fragmentación social en los últimos años. Después de la evaporación del lago y de la desaparición de la fuente laboral principal (y casi única) de los Urus, las posibilidades económicas han llegado a ser muy escasas en el pueblo. Antes, vivían sobre todo de la pesca, la caza y la recolección de huevos.

Un fenómeno es el aumento de la emigración de Puñaka, ya que actualmente menos de diez familias viven permanentemente en el pueblo. Los demás trabajan principalmente en los pueblos en Machacamarca, Poopó o El Choro,los adultos regresan a la comunidad para asistir a reuniones en tanto niños y jóvenes 
permanecen por la educación en la escuela de Puñaka. La ausencia de ingresos económicos, y por consiguiente el éxodo de la mayoría de los habitantes, acentúa las tensiones intracomunales e interfamiliares en el pueblo. La escasez de recursos aumenta la competencia y las fricciones entre la poca gente que se queda en el pueblo.

En segundo lugar, existe una gran desconfianza hacia las figuras de las autoridad locales. Pocos creen que las autoridades estén tomando las decisiones en interés de toda la comunidad y en consecuencia pocos respetan el poder que éstos ostentan, lo cual genera una mentalidad muy individualista que desestabiliza la comunidad política y socialmente.

La cuestión del cambio de la identidad Uru igualmente es un desafío—es importante concebir cómo los comunarios se perciben a sí mismos actualmente, sin el lago, un elemento que antes determinaba la vida de este pueblo.

Tomando en cuenta todo lo anterior, se ha estado verificando si se puede emplazar un proyecto turístico sostenible en Puñaka. La idea surgió de la comunidad misma y se cree que tiene la potencialidad de lograr el consenso de toda la comunidad, y que todos colaboren como conjunto para fortalecer su identidad y su cultura, de forma que puedan transmitirla a otra gente. No obstante, la práctica del turismo como ingreso alternativo en este pueblo también contiene riesgos, podría tener efectos positivos, pero también negativos, dependiendo de la manera en la que fuese realizado.

Los riesgos se observan tanto para el turista nacional o extranjero que visite el pueblo, como para la comunidad misma, que estarían compartiendo parte de su vida. Por el lado de las empresas turísticas y los turistas mismos, tendrían que estar alertas para no caer en turismo de tipo caritativo que puede debilitar la capacidad comunitaria en vez de fortalecerla.

El desastre ambiental de 2015 significó un momento crucial que empezó a cambiar la situación de desconocimiento de los Urus Qot Zuñi. Ahora que la gente del lago ya no tiene lago, se demanda una mayor preocupación por su situación. El turismo representa una manera posible de apoyar a los miembros de la comunidad Uru. Sin embargo, existe el riesgo de desvirtuarse y volverse un turismo catastrófico: si es que los turistas buscan señales o imágenes de pobreza o de miseria, donde puedan perfilarse como héroes y salvadores del pueblo. Esto puede producirse al comprar artesanías, comida local o al distribuir recursos.Esta forma de turismo no es sostenible, ni implica una visión a largo plazo. Genera una mala dinámica, contraproducente para el turista y el comunario y se trata de una estrategia incorrecta en la que se desea solucionar la pobreza. De esta manera, la población se resignaría y tomaría la posición de víctimas. También, podría retroalimentar una historia negativa para las persona y para su pueblo. Esta forma de turismo debilita el empoderamiento de la comunidad, lo cual es el elemento clave para asegurar un desarrollo más estructural y sostenible.

Por otra parte, los Urus de Puñaka tienen la tarea de redefinir su identidad Uru y recuperar su pueblo como una totalidad coherente y fortalecida. Reflexionando sobre la cuestión del turismo en la comunidad de los Urus del lago Poopó, primero es necesario pensar en el elemento histórico de su identidad: ¿Quiénes eran ellos cuando todavía eran pescadores, cuando vivían sobre y con el lago? En el contexto turístico, es importante pensar cuáles son los rasgos identitarios históricos que pueden ser recuperados, protegidos y/o redefinidos enfrentando la realidad de la desaparición del lago.En esta línea, es importante que la población Uru repiense quiénes son en su núcleo, qué cosas de su identidad les quedan ahora que el Poopó ya no existe. El fortalecimiento y repensar la identidad histórica y actual de los Urus sería una labor  vital para poder conseguir un turismo factible, sostenible, y útil. 

Desgraciadamente, estamos lejos de tal representación en la comunidad Uru de Puñaka. El elemento principal que puede asegurar un futuro esperanzador es el fortalecimiento del pueblo como conjunto, que constituye el elemento principal que puede asegurar un futuro esperanzador. Los numerosos conflictos organizacionales, sociales, personales e interfamiliares tienen que ser dejados de lado en pro de una nueva posibilidad económica que pueda regenerar la vida de la comunidad.

A pesar de estas preocupaciones, Puñaka sí tiene muchas posibilidades para ofrecer al turista. Se trata de un pueblo indígena originario muy poco conocido del altiplano. Aún sin el lago, todavía existen muchos aspectos que demuestran la singularidad  y el encanto de la comunidad Uru: la ropa típica de ponchos can rayas blanco-negro que llevan los autoridades, los sombreros de totora hechos a mano con plumas de pariwanas, los liwis con que cazan los patos, los verdes cerros majestuosos llenos de los típicos cactus altiplánicos que se encuentran a un lado de la comunidad, la pampa extensa e impresionante donde se puede apreciar muy bien hasta dónde llegaba el lago en el pasado, el cerro Jutu Tilla en la distancia donde los urus vivían en cavernas en otra época, las piedrasCatawi. Queda claro que los Urus del lago Poopó tienen una larga historia llena de riqueza cultural y que no todo depende del lago. 

Otro cambio positivo en Puñaka tiene que ver con el establecimiento del colegio en 2012 Hoy en día, la educación de los niños y jóvenesconstituye el factor que genera mayor cohesión en el pueblo, ya que estimula el contacto entre los habitantes de Puñaka y los emigrados residentes en Poopó. Basándonos en varias conversaciones con algunos jóvenes, se observa que muchos de ellos son conscientes de las tensiones sociales existentes y que muchos tienen la intención de luchar por el futuro de su pueblo. La conciencia sobre los problemas en la comunidad y el sentido de solidaridad que se nota entre los jóvenes son aspectos que representan un factor  de esperanza.

Además, actualmente se tiene la expectativa de que lentamente parece que se está recuperando agua en la parte norteña del lago. Esperamos que la evolución sea positiva y, aunque por el momento la cantidad de agua y de peces no es suficiente en absoluto para la sostenibilidad económica, implica que el lazo con el agua no se ha perdido completamente, elemento que todavía juega un papel central en la vida de muchos Urus. 

Se dice que los Urus Qot Zuñi forman el pueblo originario más antiguo de América Latina, lo que implica que han sobrevivido y se han estado adaptando durante miles años. Varias veces sabían adaptarse a factores amenazantes, como una colonización socio-política intensa, cambios ecológicos de sequías e inundaciones…

A pesar de la discriminación y la pobreza sufridas durante siglos, todavía siguen luchando contra los factores que amenazan su existencia. Con un enfoque acertado de parte de los miembros de la comunidad misma, es posible mantener y reinventar las formas de vida de Puñaka y todas las comunidades Urus.

Britt Gogol
Unidad de Culturas - CEPA

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Oruro no se hizo rico con la minería



Todos sabemos que históricamente Oruro y Potosí han sido y son regiones mineras. Antes de la colonia ya se realizaba actividad minera en pequeña escala con fines artesanales. Con la llegada de los españoles la actividad minera se intensifica y se expande en muchas regiones de América Latina. En 1825 Bolivia nace como república libre y soberana, pero en la práctica hereda toda una estructura colonial (político, económico, cultural), por lo que la actividad minera se convierte en el pilar y sustento de la economía boliviana. Hasta la actualidad la minería, desde la percepción de las autoridades y el sector minero, se constituye en la actividad más importante de estas dos regiones y se ha enraizado el lema: “Hemos sido mineros; somos mineros y seguiremos siendo mineros”.

La dependencia minera limita la diversificación económica.
La dependencia minera, en Oruro y Potosí, ha limitado la diversificación económica de las regiones. Se apuesta más a la minería que a otras actividades como ser la agricultura, ganadería, industrias, comercio y otras iniciativas productivas económicas.   Esta visión de desarrollo durante los últimos años ha generado una serie de problemas y/o conflictos sociales, económicas, ambiéntales, culturales y políticos. Bolivia actualmente está sumergido en el modelo de desarrollo extractivista primario y exportador, en otras palabras: continuamos con el modelo de desarrollo colonial de saqueo de nuestros recursos naturales. Si bien la actividad minera aporta al desarrollo del país y de las regiones, no se puede considerar como el eje principal del desarrollo. Más aun sabiendo que este tipo de desarrollo extractivista no ha contribuido significativamente a mejorar la calidad de vida de las comunidades locales y del departamento, mas al contrario ha creado y ha suscitado conflictos socioambientales entre comunidades y los centros mineros debido a los altos índices de contaminación.

Bajo esos antecedentes no podemos repetir la misma experiencia; son más de 500 años de explotación minera en las regiones de Oruro y Potosí. La pregunta central es: ¿Qué hemos ganado y que hemos perdido? ¿Cuál ha sido el aporte significativo de la minería en Oruro? Estas preguntas deberíamos hacernos para reflexionar sobre el aporte de la minería a la región de Oruro. Queda claro a estas alturas que la dependencia minera ha limitado la diversificación económica de la región, se ha priorizado siempre las actividades mineras, descuidando otras actividades productivas.

Conflictos sociales.
Las consecuencias a nivel social de la dependencia minera, se ha podido visualizar en el conflicto por el cerro Posokoni en Huanuni. Hubo un enfrentamiento entre mineros por áreas de trabajo que provocó la muerte de varios de ellos. Este tipo de enfrentamientos son permanentes entre los mineros sindicalizados y cooperativas, como ocurrió también en Colquiri. Finalmente el gobierno optó por nacionalizar este distrito minero, pero otorgó más concesiones a las cooperativas. A esta disputa se suman los comunarios de la zona, quienes también quieren incursionar a la actividad minera por la ganancia rápida que representa y porque en algunos casos sus tierras están tan contaminadas que no tiene otra opción que dedicarse a dicha actividad. Estos son solo algunos de los muchos problemas sociales que genera la actividad minera.

Queda claro: donde existe actividad minera siempre hay conflictos sociales. Generalmente las empresas mineras tienden a dividir a las comunidades y a la población, unos que apoyan el proyecto minero y otros que se oponen. Esta situación genera conflictividad al interior de las comunidades y los movimientos ambientales. El gobierno en su rol de mediar estos conflictos en muchos casos tiende a agravar los inclinándose a favor de los proyectos mineros. Este método de dividir a las comunidades y cooptar líderes, medios de comunicación e instituciones son los métodos clásico que usan las empresas mineras para neutralizar los conflictos sociales y minimizar los efectos de la contaminación ambiental y la vulneración de los derechos fundamentales.

Dependencia de los precios de los minerales a nivel internacional.
A nivel económico el gran problema de los países basados en la economía extractivista, es la dependencia de la cotización de los precios internacionales de los minerales. Hay épocas donde el precio es elevado y los sectores mineros están contentos y felices; pero cuando el precio baja la preocupación es latente en el sector minero y exigen al gobierno políticas favorables para dicho sector. Es decir la dependencia de los precios internacionales hace vulnerable nuestra economía. De esta forma no podemos hacer una planificación sostenible.

Sabemos que las mismas empresas transnacionales tienen poder en el mercado financiero; ellos son los que fijan y regulan los precios de los minerales. Además tienen la capacidad de manipulación y especulación de y con flujos comerciales y financieros. Frente a esta situación los gobiernos de turno han aprobado leyes y normas favorables para este tipo de saqueo de nuestros recursos naturales, mientras que las comunidades locales se quedan con ingentes cantidades de pasivos mineros, suelos y aguas contaminadas, en otras palabras con una cicatriz marcada para toda la vida.

Problemas socioambientales.
Actualmente uno de los grandes problemas en el departamento de Oruro, es la contaminación minera. Varias empresas y cooperativas mineras vierten sus residuos y desechos minerales directamente a los ríos sin ningún tratamiento. Los pasivos mineros se han convertidos en enormes cerros, como es el caso de San José, Itos y en otros sectores de  nuestro departamento. También los sedimentos mineros están acumulados a lo largo de los ríos, como en la subcuenca Huanuni, Poopó y Antequera. Esta situación de daño ambiental, se visibiliza sobre todo en la reducción de la cantidad y calidad de las aguas, provocando perdida de la capacidad productiva.

Las comunidades constantemente denuncian la proliferación de enfermedades gastroenterologías, respiratorias agudas y dérmicas por la contaminación ambiental. Lo mismo ocurre  en la ganadería, generando enfermedades de todo tipo, provocando muerte, debilidad  y malformación de los animales.

Por esta razón en el año 2009 la subcuenca Huanuni fue declara zona de emergencia ambiental de carácter departamental, debido a la inminente afectación a la salud humana y la seguridad alimentaria ocasionada por la prolongada presencia de contaminación y salinización de los suelos. Este hecho muestra la magnitud de la contaminación ambiental en las zonas mineras, reconocida por el mismo gobierno. Frente a esta situación las comunidades permanentemente están denunciando, dialogando y presionando al gobierno, exigiendo el cumplimiento de la normativa ambiental.

La migración.
Desde las zonas mineras la migración en las comunidades locales es alta. Zonas como Japo, Santa Fe, Sora Sora son comunidades casi fantasmas. La poca cantidad de personas que todavía se quedan son las personas mayores. Esta suerte de destino se refleja en otras zonas mineras de Oruro. Las  escuelas se cierran por falta de estudiantes. Comunarios adscriben este fenómeno a los problemas de la contaminación ambiental provocada por las actividades mineras y urbanas. En otros casos existe un retorno de la gente a sus comunidades para incursionar a la actividad minera cooperativizada, siempre y cuando los precios de los minerales estén altos.

La identificación de los habitantes mineros con la región es débil. Vienen para ganar dinero e irse o sueñan con abandonar la región para ir a vivir en otras partes. Si bien la actividad minera representa ganancias, esto no se refleja en las comunidades locales; más al contrario; significa perdida de oportunidades productivas. Se reducen las actividades agrícolas, ganaderas y otras iniciativas productivas y muchos comunarios se ven obligados a abandonar sus tierras para migrar en búsqueda de alternativas económicas. ¿Quién asume estos altos costos ambientales y sociales?

Nuestro país, desde la colonia hasta la actualidad, se ha limitado a exportar materias primas brutas. Es por ello que las regiones como Oruro y Potosí con una larga historia minera, son regiones con altos índices de pobreza, desempleo, marginalidad, migración, con bajo nivel de industrialización, con erosión y desertificación de los suelos y pérdida de biodiversidad. Esa es la realidad de las regiones mineras.

Limbert Sánchez Choque
CEPA