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sábado, 19 de junio de 2010

21 de junio: Año Nuevo en el Sur

En realidad se trata del Año Nuevo Andino que se celebra el 21 de junio, fecha relacionada con el solsticio de invierno para los países del hemisferio Sur. Las referencias históricas señalan que en los Andes estuvo muy difundido el culto al sol desde tiempos prehispánicos, particularmente en el Tawantinsuyu o imperio de los Incas, cuyo símbolo religioso principal era el sol.

Sin embargo, los cultos solares no son exclusivos de los Andes. Muchas culturas desde la antigüedad han desarrollado conceptos y ceremonias sagradas relacionadas con el sol. Esto se explica a partir de una concepción cíclica del tiempo, propia de las sociedades agrarias, que organizan el tiempo en base a la observación de los ciclos astrales y climáticos. En el caso de los ciclos solares, los momentos más importantes (solsticios y equinoccios) solían y suelen celebrarse con ritos y ceremonias. El antropólogo inglés James Frazer ha descrito ampliamente el desarrollo de estos ritos en la antigua Europa y otros lugares del viejo mundo, aunque éstos en la actualidad sólo representan un recuerdo del pasado.

Por el contrario, en los Andes los cultos solares están vigentes y estrechamente relacionados con el mantenimiento de una concepción cíclica del tiempo, la cual también comprende momentos cruciales en el año para los pobladores andinos. En Bolivia, por ejemplo, hay que recordar que la mayoría de la población es aymara y quechua, herederos de una cultura que tiene plena vigencia en muchos de sus rasgos, como el pensamiento cíclico y las prácticas relacionadas con la realización de ritos y ceremonias que marcan los momentos más importantes del ciclo anual.

Por eso, no es de extrañar que se celebre el Año Nuevo el 21 de junio. En realidad se trata de un acontecimiento importante, no sólo para los pueblos andinos, sino para todos los pueblos del hemisferio Sur. El solsticio de invierno significa que el sol ha alcanzado su máxima lejanía con respecto de la tierra (en el Sur), y se dispone a retornar regenerando la vida. Este hecho coincide con el significado del Año Nuevo convencional que se celebra el 1 de enero, esta fecha también está relacionada con el solsticio de invierno, pero para los países del Norte. No hay que olvidar que mientras aquí es invierno, allá es verano y viceversa.

A través de hábiles acomodos, la iglesia católica ha instituido un calendario oficial donde se marcan los momentos anuales importantes con celebraciones cristianas. Uno de esos momentos es la Navidad o nacimiento de Cristo, que representa el símbolo solar de los pueblos antiguos. La Navidad está muy relacionada con el solsticio de verano del Norte. Unos días después se celebra el Año Nuevo. En realidad no hay que ser muy preciso con estas fechas, ya que los calendarios son siempre convenciones sociales, es decir, que se fijan arbitrariamente. Lo que hay que tener presente es la relación entre el sol, Cristo y el solsticio de invierno.

Una vez establecida esta organización del tiempo, la misma se ha universalizado a partir del proceso de expansión y conquista emprendida por los países del Norte hacia el resto del mundo. Por ello, hoy nos parece normal celebrar el Año Nuevo en enero, aunque de hecho no es más que un producto de la imposición de un calendario que se ha convertido en parte de nuestras vidas. Sin duda, no podemos prescindir de él y tampoco podemos rechazar la celebración de los momentos importantes que marca dicho calendario, pero esto no significa que estemos imposibilitados de reinterpretar algunos momentos, en función de nuestras propias formas de percibir y organizar el tiempo en el Sur.

Si prestamos mucha atención al significado del Año Nuevo vinculado al solsticio de invierno, sería más apropiado su celebración en el mes de junio para los pueblos del Sur. Si bien los pueblos andinos han retomado esta celebración recientemente, en un contexto de reivindicaciones culturales y políticas en los años 80 y 90, nos parece apropiada su institucionalización, por lo menos en Bolivia. Tiene más coherencia celebrar el “retorno del sol” y la “regeneración de la vida” en el momento específico en que esto sucede, es decir: durante el solsticio de invierno que en el Sur es en junio. No hay motivo para extrañarse o resistirse. Durante años hemos celebrado esta fecha bajo otro nombre: San Juan, que es otro símbolo solar cristianizado (tradiciones ancestrales le consideran como el hermano menor de Cristo). Así que, hay que tener presente que esta fiesta cristiana está también relacionada con el solsticio de invierno.

Hasta aquí nuestra intervención en el debate sobre la pertinencia de la celebración del Año Nuevo el 21 de junio, de manera más reflexiva que mediante la descripción de significados culturales e históricos. Para mayores datos se les invita revisar un artículo anterior de este boletín (Chiwanku N° 450), publicado en ocasión del Año Nuevo Andino del año 2008.

Marcelo Lara B.
UNIDAD DE CULTURAS CEPA

lunes, 23 de junio de 2008

El Año Nuevo Andino y su Relación con San Juan

¿QUÉ ES EL AÑO NUEVO ANDINO?
El Año Nuevo Andino es una celebración que se vincula al Solsticio de Invierno, es decir, a la época del año en que el sol se halla en su punto más alejado en el firmamento, los días son más cortos y las noches más largas y frías. Según el calendario, el Solsticio de Invierno acontece el 21 de junio, aunque más importante que la fecha es el periodo de tiempo.

Se dice que con el Solsticio de Invierno el sol empieza su retorno, los días se hacen cada vez más largos y calientes, además que la naturaleza empieza a regenerarse; esto facilita el inicio de un nuevo ciclo de producción para las sociedades andinas agrarias que tienen una concepción cíclica del tiempo.

¿CUÁLES SON SUS SIGNIFICADOS?
Existen diversas interpretaciones: “Willka Kuti” que sería el retorno del sol; es un Taypi (centro) entre el año que se deja y el año que comienza; también es la “renovación” de la vida, de la naturaleza y con ello de un nuevo ciclo productivo.

Esta fecha es de vital importancia para los pueblos andinos que, desde remotos tiempos, han observado cuidadosamente los ciclos de la naturaleza y los astros. Ciclos que han marcado la organización del tiempo, de las actividades productivas y de la vida misma. Por ello es que los pobladores andinos conservan un profundo respeto por su medio natural, lo cual se hace evidente a través de una serie de celebraciones festivas y rituales, mismas que sirven como referentes que marcan los principales momentos de los ciclos astronómicos, climáticos y productivos.

El Año Nuevo Andino es un momento que marca la alternancia de un periodo de oscurecimiento (noches largas) a otro de una claridad creciente (días más largos). Del fin de un ciclo de producción con las cosechas de mayo y el inicio de otro a partir de los ritos de licencias a la Pachamama en agosto y el inicio de las siembras en septiembre. En síntesis es un verdadero Taypi (centro) y a la vez de un Kuti (alternancia) necesario para mantener el equilibrio en la naturaleza y la sociedad.

¿DESDE CUANDO SE CELEBRA Y CON QUÉ OBJETIVOS?
No se sabe con certeza si la celebración del Año Nuevo Andino corresponde a remotos tiempos precolombinos. Sin embargo, en atención a sus significados creo que si puede haber sido posible, puesto que, existe bastante evidencia que las sociedades andinas, como otras sociedades antiguas en el mundo, han desarrollado una organización del tiempo (calendarios) basada en la observación e interpretación sistemática los ciclos de la naturaleza y los astros, comprendiendo y sacralizando los momentos cruciales de estos ciclos. Un ejemplo de ello serían las celebraciones solsticiales de invierno.

No obstante, creo que la denominación de estas celebraciones como “Año Nuevo” es bastante reciente. Existen informaciones que desde aproximadamente la década de los 80 del siglo anterior, algunos intelectuales aymaras, a través de movimientos académicos, culturales y políticos han promovido la organización de festivales del Machaq Mara o Año Nuevo Andino. Eso sucedió en Tiwanaku y otros lugares. Posteriormente, estos festivales crecieron por influjo del turismo y los intereses comerciales.

Pero, pese a ello, en la celebración del Año Nuevo Aymara se halla una clara intención de revitalizar símbolos culturales indígenas, una ideología que sirve como soporte de los movimientos que luchan por la reivindicación de los pueblos originarios.

En este sentido, en Año Nuevo Aymara no sólo marca la renovación de un ciclo anual, sino de todo un periodo de sojuzgamiento, explotación económica, exclusión social, negación cultural y discriminación étnica, en espera de una Pachakuti o inversión del orden social con justicia para los pueblos originarios. Detrás del significado cultural del Año Nuevo Andino, hay también un sentido político de reivindicación.

De este último hecho, puede entenderse que las grandes celebraciones del Machaq Mara se hayan reproducido en distintos lugares de los Andes de Bolivia, Perú, Ecuador y Chile. Celebraciones que se pueden justificar por sus valores y significados culturales y espirituales, pero que guardan estrecha relación con el surgimiento de los pueblos indígenas andinos que se han convertido en principales actores sociales y políticos de los Estados actuales.

¿POR QUÉ 5516 AÑOS?
El 2008 se dice que se celebrarán 5516 años. Pero como se calcula este tiempo. La respuesta se halla en la interpretación que hacen de su historia los propios pueblos andinos. Interpretación que está ligada a esa ideología de reivindicación que mencione anteriormente.

Se habla de ciclos largos en la historia social de los pueblos andinos. 1) Un primer ciclo correspondería a las sociedades andinas antes del surgimiento de las grandes civilizaciones y de la agricultura, se trata de pueblos de cazadores, pescadores y recolectores. 2) El segundo ciclo se relaciona con el surgimiento de la civilización de Tiwanaku, su auge y todo el desarrollo cultural y tecnológico asociado. 3) El tercer ciclo se remite a la decadencia de Tiwanaku y la disgregación de los pueblos andinos que se hallaban constantemente enfrentados en guerras (puede tratarse del periodo arqueológico del intermedio tardío y que la etnohistoria identifica como la época de formación de los “señoríos aymaras”). 4) Con el cuarto ciclo se iniciaría un nuevo periodo de luz, simbolizada en la formación del Estado Inka, de unificación y de orden para los pueblos andinos. 5) Finalmente, el quinto ciclo hace referencia a la tragedia que significó para los pueblos andinos la conquista de América en 1492.

En todos estos ciclos se señala una alternancia entre periodos de oscuridad (puruma/ ch’amak pacha) y de luz (qhana pacha). Tiwanaku y la época Inka serían los periodos de luz para los pueblos andinos. La conquista sería el último ciclo de oscuridad, en la espera de un Pachakuti o un nuevo ciclo de luz.

Cada uno de los ciclos mencionados comprendería una duración de 1000 años (en términos simbólicos, no cronológicos). De ahí que son 5000 años, a lo cual se suman los años cronológicos a partir de 1492 (la conquista de América) hasta la fecha (2008) que serían 516 años. En síntesis, así tenemos los 5516 años que se celebrará con el Año Nuevo Aymara.

¿QUÉ RELACIÓN TIENE CON LA FESTIVIDAD DE SAN JUAN?
En realidad, el Año Nuevo convencional que se celebra el 1 de enero está también vinculado al Solsticio de Invierno, pero para los países del hemisferio norte, ya que, cuando aquí es invierno allá es verano y al revés. Existe bastante documentación que los antiguos pueblos del mundo occidental también celebraban los solsticios con connotaciones similares a los Andes, sólo que todo eso fue encubierto por el cristianismo que impuso su calendario con santos, vírgenes y Cristo, sobre celebraciones que consideraba “paganas”. Ahora, las antiguas tradiciones occidentales son sólo un recuerdo, inscritos en libros de historia y de folklore.

El cristianismo instauró la celebración del nacimiento de Cristo en coincidencia con los ritos solsticiales de invierno y el nacimiento de San Juan Bautista con las celebraciones del solsticio de verano. La fundamentación religiosa cristiana es que Cristo representa la renovación de la vida a través de la redención, en concordancia con las antiguas creencias de que el Solsticio de Invierno representaba la renovación de un nuevo ciclo vital de la naturaleza con el retorno del sol. San Juan Bautista, se asocia con el solsticio de verano, cuando el sol empieza a declinar y, por tanto, en las antiguas prácticas “paganas” se lo trataba de “reanimar” a través de fogatas y luminarias rituales.

El calendario cristiano se hizo universal, y de esa manera llega a los pueblos andinos con el proceso de conversión. Pero como en el sur, el invierno no esta asociado a Cristo, no se habla aquí de un Año Nuevo. El símbolo cristiano que corresponde a nuestro solsticio invernal es San Juan Bautista.

De lo anterior se deduce que en las comunidades andinas actuales se celebró San Juan con las connotaciones e un verdadero Año Nuevo. A parte de las fogatas rituales de la noche del 23 de junio, víspera de San Juan y de los ritos con agua “purificada” el día 24 -en alusión al rol de San Juan que bautizaba a la gente con este elemento-, existe una serie de creencias tanto en las comunidades andinas como en los sectores populares urbanos de que en San Juan se deben quemar las cosas viejas, o que también se debe leer la “suerte” en elementos como el estaño fundido y otros. Aspectos que claramente denotan que se espera un nuevo ciclo, de renovación. La celebración de San Juan, es pues, el Año Nuevo para quienes vivimos en el Sur; es el símbolo asociado a nuestro solsticio de invierno.

Ahora, para mí, tiene más sentido el por qué de las grandes fiestas que se organizan en San Juan, que sólo tienen comparación con el Año Nuevo convencional impuesto por el cristianismo.

Quizás la festividad de San Juan, ha permitido la pervivencia y continuidad de ritos solsticiales que nuestros ancestros solían hacer y que, ahora, se trata de recuperar a través de las celebraciones del Machaq Mara o Año Nuevo Andino.

Marcelo Lara B.
Derechos Etno culturales
Centro de Ecología y Pueblos Andinos (CEPA)

jueves, 21 de junio de 2007

Año Nuevo Aymara

Hace pocos días atrás, participé de una actividad importante del Centro Cultural Sartañani (Centro conformado por jóvenes que buscan recuperar la ideología de nuestros antepasados y replicar en plena ciudad la vivencia de las comunidades Andinas).

En el día del Año Nuevo Aymara se realiza el cambio de autoridades. Posteriormente se sube al cerro donde está un lugar sagrado, llamado Kori Cancha. Allí se realizan los ritos respectivos y se recibe la energía de los primeros rayos del sol “Tata Inti”, iniciando un nuevo ciclo, una nueva vida…

Un poco de historia sobre el Año Nuevo Aymara

En una entrevista realizada el 20 de junio, Verónica Huarachi Apaza, Mama T’alla menor Urinsaya, una joven autoridad saliente de este Centro (C.C.A.S.W.Q) nos comentó lo siguiente:

EL TATA INTI Y SU FIESTA

En 1572 el Virrey Francisco Toledo prohibe la fiesta del Inti Raymi (fiesta del Sol en Quechua) y sobre pone la fiesta de San Juan según el calendario cristiano. Este festejo al Nuevo Año o Machaq Mara en aymará o Wetipantu (nueva salida del sol) en Mapuche, no se ha perdido de la memoria de los abuelos y continua hasta nuestros días, aunque de manera camuflada.

Celebramos a nuestro Tata Inti (Padre Sol) que por medio de sus rayos da energía a la tierra y permite que la vida se regenere año tras año, pero este equilibrio vital está amenazado por nosotros mismos al continuar contaminando a nuestro planeta. De los daños a la capa de ozono pueden resultar aún peores consecuencias.

Hoy más que nunca necesitamos reflexionar sobre nuestros actos para así buscar una convivencia en armonía entre nuestro planeta, el cosmos y nosotros mismos.

Alicia Cuiza